Desde Pittsburgh: Repudio a la Retórica y al Crimen de Odio/From Pittsburgh: Renunciation to the Rhetoric and to Hate Crimes

November 5, 2018

En días recientes tres sucesivos crímenes de odio han conmovido a los EEUU, justo antes de las elecciones parciales del 6 de noviembre. Gregory Bush, intentó sin éxito entrar en una iglesia bautista negra en Louisville Kentucky y entonces asesinó a dos afro-americanos en un mercado cercano. Cesar Sayoc envió una docena de bombas a prominentes líderes demócratas (como Barack Obama, Hillary Clinton, Joseph Biden) así como a CNN. En el peor atentado antisemita en la historia estadounidense, Robert Bower entró en una sinagoga en Pittsburgh, con un rifle de asalto, asesinó a once feligreses e hirió a otros incluyendo varios policías que acudieron para apresarlo.

Un rasgo común de los tres criminales es que todos son ardientes partidarios de Donald Trump, extremistas de derecha, racistas y antinmigrantes que siguen su discurso de rencor. Sayoc, que antes no había manifestado una ideología política (su familia es Demócrata) se volvió trumpista, vivía en una camioneta cubierta de alabanzas a Trump y ataques a los Demócratas, propagaba teorías conspirativas en Facebook y Twitter.  Antes de la masacre, Bower envió un mensaje a la controversial Gab—usada por neonazis y radicales a quienes otras plataformas sociales niegan el acceso—afirmando que los judíos son “hijos de Satán” y “asesinan a nuestra gente”. 

La actitud de Trump se inició hace un año en Charlottesville cuando condonó el asesinato por un nazi de un protestante contra una demostración de la supremacía blanca, argumentando que ambas partes habían tenido culpa por los sucesos. Desde entonces su retórica se ha reforzado generando una atmosfera de inseguridad, violencia y miedo entre diversos grupos de la población.  Mientras que los crímenes de odio cayeron en picado desde los 70 hasta 2014, han experimentado un aumento notable desde 2015 cuando comenzó la campaña de Trump; solo en 2017, los ataques antisemíticos crecieron en 57%. Trump ha rechazado las llamadas a “bajar el tono” de su retórica, afirmando que lo subirá más aún. También se quejó de que las bombas y la masacre habían “distraído la atención de los mítines políticos para reforzar su “base” y conseguir un triunfo republicano en las elecciones. Además, alegó que el crimen de Pittsburgh hubiera podido evitarse si hubiese habido una custodia armada en la sinagoga.

A pesar de lo anterior, la Casa Blanca afirma que no existe conexión entre la violencia creciente y la retórica del presidente. Por el contrario, acusa a los medios de comunicación—“los enemigos del pueblo”—de ser los culpables de la tensa situación.

Cuando Trump anunció que viajaría a Pittsburgh, las autoridades de la ciudad pidieron que pospusiera su visita hasta después de los funerales de las víctimas porque ella podría incitar más los ánimos. No obstante, el presidente prosiguió con su plan, aconsejado por su hijo político Jared Kushner que vio la necesidad de un gesto con la comunidad judía de Pittsburgh y la nación. Fue imposible conseguir que alguna autoridad local recibiera al presidente que tampoco logró que los jefes de la mayoría republicana en el Senado y la Cámara, así como el representante de Pensilvania en el congreso lo acompañaran en el viaje. Los familiares de las victimas rehusaron reunirse con él. Trump con su esposa, hija e hijo político visitaron por 13 minutos la sinagoga donde ocurrió la masacre, no hubo declaraciones a los medios de comunicación, mientras que muy cerca, miles de personas con pancartas protestaban contra el visitante, acusándolo de ser el responsable de los hechos.

Por medio siglo he vivido en Pittsburgh, en “la Colina de las Ardillas” donde se encuentra la sinagoga atacada. Es una comunidad multiétnica caracterizada por su unidad, armonía, tolerancia y respeto a la diversidad racial, religiosa y política, simbolizada por el programa televisivo Mr. Rogers cuyo lema era “ama a tu barrio”. Llamada la Ciudad del Acero por haber sido la mayor productora del metal en el mundo, sus habitantes se enorgullecen de su temple, reflejado en tres equipos de deportes que han ganado numerosos campeonatos. A ello se une el fuerte espíritu innovador que consiguió el milagro de la transformación económica de la industria pesada hacia los servicios (“el renacimiento urbano”), muchos de los cuales ocupan hoy una posición nacional cimera en medicina, robótica, música, arte y educación en general. Frente a su pasado de tizne y oscuridad, Pittsburgh ha sido designada varias veces como “la “ciudad más vivible” de los EEUU, y es finalista por la segunda sede de Amazon.

Fiel a su historia, la ciudad reaccionó al crimen horrendo con una ejemplar demostración de unidad. Las autoridades políticas junto a docenas de dirigentes religiosos de todas las denominaciones (católicos, protestantes, judíos, musulmanes), más de 5.000 personas, se reunieron para condenar el crimen, solidarizarse con las víctimas, pedir el cese de la campaña de odio, y controlar la escalada de armamentos.

Pittsburgh y la mayoría del país abrigan la esperanza que estos crímenes de odio sean un acicate para que la nación acuda a las urnas y termine la pesadilla trumpista.


In recent days three successive hate crimes have shaken the United States, just before the midterm elections on November 6th. Gregory Bush, tried without success to enter a Baptist black church in Louisville, Kentucky and then assassinated two Afro-Americans at a nearby market. Cesar Sayoc sent a dozen bombs to prominent democrat leaders (like Barack Obama, Hillary Clinton, Joseph Biden) and to CNN news. In the worst anti-Semitic attack in United States’ history, Robert Bower entered a synagogue located in Pittsburgh, Pennsylvania, with an assault rifle and killed eleven congregation members and injured others, including various policemen that came to apprehend him.

A common factor between the three criminals is that all of them are devoted supporters of Donald Trump, rightist extremists, racists, and anti-immigrants that follow his hate speech. Sayoc, who had never manifested a political ideology (his family supports the Democratic party) became a Trumpist, lived in a van covered with praises to Trump and attacks to Democrats, and spread conspiracy theories on Facebook and Twitter. Before the massacre, Bower sent a message to the controversial Gab–used by neo-Nazis and radicals who are denied access to other social platforms–asserting that Jews were the “children of Satan” and they “kill our people”.

Mr. Trump’s attitude began last year in Charlottesville when he condoned the murder of a protester against the showcase of white supremacy by a Nazi, arguing that both parties were to blame for what had happened. Since then his rhetoric has been reinforced, generating an atmosphere of insecurity, violence, and fear between diverse groups within the population. While the hate crimes had drastically decreased from the 70s until 2014, they have experienced an alarming increase since 2015 when Trump’s campaign began; in 2017 alone, anti-Semitic attacks have risen by 57%. Trump has refused the demands to “moderate the tone” of his rhetoric, assuring that he will upsurge it even more. Likewise, he complained that the bombs and the massacre have “deviated the attention of the political rallies to reinforce his base” and accomplish a republican triumph in the elections. Moreover, he alleged that the crime in Pittsburgh could have been avoided if there had been an armed guard at the entrance of the synagogue.

In spite of the previous statement, the White House affirmed that there is no connection between the recent violence and the president’s rhetoric. On the contrary, it accuses the media–“the enemies of the people”–of being guilty of the current, tense situation.

When Trump announced that he would travel to Pittsburgh, city authorities requested that he postpone his visit until after the funerals of the victims had taken place because his presence could stir emotions. However, the president continued with his plan, advised by his son in law, Jared Kushner, who saw the necessity for the gesture to the Jewish community of Pittsburgh and the nation. It was impossible to get any local political authority to receive the president who was equally unsuccessful in persuading the leaders of the republican majority in the Senate and the House of Representatives, as well as the Pennsylvania representative in Congress, to accompany him on his trip. Finally, the relatives of the victims rejected the proposal of meeting with him. Trump, accompanied by his wife, daughter, and son in-law, visited the synagogue where the massacre took place for 13 minutes. There were no declarations to the media by the president while, very close to this location, thousands of people with signs protested against the unwelcomed guest, accusing him of being responsible for all of the horrible events. Later Trump affirmed that such demonstrations, amply documented in the television and the press, were fake news.

I have lived in the city of Pittsburgh, more precisely in Squirrel Hill, for half a century, where the synagogue that was attacked is located. It is a multiethnic community characterized by its unity, harmony, tolerance and respect towards racial, religious, and political diversity, symbolized by the TV show, “Mr. Rogers” whose motto was “love your neighborhood”. Referred to as the City of Steel for having been the principal manufacturer of steel in the world, its inhabitants are deeply proud of its temple, reflected in three sports teams that have won several championships. That is joined by the strong innovative spirit that led to the miracle of the economic transformation from heavy industry to services (“The Urban Renaissance”), many of which currently hold a prestigious national position in medicine, robotics, music, art and education in general. Despite its past of soot and obscurity, Pittsburgh has been named “the most livable city” of the United States several times and is a finalist for the second Amazon headquarters.

Faithful to its history, the city reacted with an exemplary display of unity to the horrendous crime. The political authorities along with dozens of religious leaders from all denominations (Catholics, Protestants, Jews, Muslims), more than 5,000 people, gathered to condemn the crime, request the cease of the hate campaign, and control the escalation of armaments.

Pittsburgh and the majority of the country safeguard the hope that these hate crimes are a wakeup call for the nation to go to the polls and end this Trumpist nightmare.

 

 

About Author(s)

Carmelo Mesa-Lago
Distinguished Service Professor Emeritus Economics & Latin American Studies, visiting professor or researcher in 7 countries, lecturer in 39 countries, author of 82 books and 275 articles published in 7 languages in 34 countries, on social security, Cuban economy, and comparative economic systems; founder Cuban Studies. Most recent book Cuba Under Raul Castro: Assessing the Reforms (with J. Pérez-López, Lynne Reinner, 2013). Consultant in Latin America/Caribbean, ex President LASA, member National Academy of Social Insurance, ILO International Prize on Decent Work (shared with Nelson Mandela)