Un discurso con los activistas jóvenes de la Alianza Cívica de Nicaragua/A discussion with the young activists of Nicaragua's Civic Alliance

December 3, 2018

Desde abril de este año, el Estado de Nicaragua ha experimentado un desorden completo, y el gobierno de Daniel Ortega y su esposa (y vicepresidente), Rosario Murillo, están en una posición de encrucijada. Esta situación empezó con manifestaciones después de la decisión de Ortega de reducir el presupuesto para los programas de seguridad social en Nicaragua, que afectaría a millones de ciudadanos. Estos cambios, junto a las críticas a la respuesta (o inacción) del gobierno a problemas de desigualdad y acontecimientos de la crisis, contribuyeron a un malestar nacional que provocó las manifestaciones. Miles de personas participaron en estas protestas iniciales, pero la mayoría fueron lideradas por universitarios y jóvenes.

Las primeras manifestaciones fueron pacíficas, pero fueron conducidas a la violencia por la policía y paramilitares, y dejaron sobre 26 manifestantes fallecidos (The New Yorker). Desde entonces, el movimiento ha crecido y se transformado completamente, y ha ganado mucha atención en el medio internacional. Ahora el movimiento se llama la Alianza Cívica de Nicaragua, y tiene el apoyo de muchos sectores diversos de la población nicaragüense. Los estudiantes universitarios también se han convertido en el corazón del movimiento, introduciendo demandas como la renuncia de la administración de Ortega por su rol en la violencia y la represión contra los que están luchando por los ideales democráticos.

En mayo, un estudiante de 20 años, Lesther Alemán, amplificó el sentido de crisis cuando se levantó y habló directamente a Ortega y Murillo durante un diálogo público, exigiendo que el presidente renunciara. Desde este discurso, los líderes estudiantiles han atraído mucha atención, y también se han hecho muy vulnerables a amenazas y ataques por las fuerzas armadas que apoyan el gobierno. Por eso, muchos jóvenes del movimiento han huido de Nicaragua; se estima que hay 30 miles de exiliados en Costa Rica ahora (Univisión). También, por el peligro de las manifestaciones, y porque el gobierno no quiere que los estudiantes tengan un lugar para organizarse, la mayoría de las universidades en Nicaragua han sido cerrados desde que empezaron las protestas.

En este clima político, algunos de los estudiantes y jóvenes nicaragüenses están viajando por el mundo para informar a otros de su movimiento, de la lucha en su país, y para ganar apoyo de líderes internacionales. Dos líderes de la Alianza Cívica, Jeancarlo López, de 21 años, y Douglas Castro, de 29 años, vinieron a la Universidad de Pittsburgh el mes pasado para hacer exactamente esto. Participaron en un evento llamado “Protests in Nicaragua: A Voice of Resistance” el 13 de noviembre, con el Center for Latin American Studies (CLAS); con este discurso ellos intentaron expresar los deseos del movimiento, y ganar apoyo de algunos académicos estadounidenses. En su venida a la universidad, yo tuve la oportunidad de entrevistar a ellos para aprender y entender más sobre su experiencia y su lucha.

Primero, pedí que ellos explicaran el movimiento, cómo empezó, y cómo estan involucrados. Douglas me ilustró la estructura y el propósito de la Alianza Cívica, diciendo que funciona como interlocutor entre el gobierno y la gente, pero que se ha vuelto un movimiento político para exponer las injusticias del gobierno hacia la gente nicaragüense. Me explicó que la Alianza Cívica está separada en 6 sectores: el privado, la Costa Caribe, la Academia, la sociedad civil, el movimiento estudiantil, y el movimiento campesino. En parte, la Alianza funciona para juntar los intereses de estos sectores diversos y para unificarse a un movimiento más poderoso que representa los intereses de toda la población. La Alianza es un mecanismo entre el gobierno y la gente que están pidiendo el cambio.

Douglas y Jeancarlo operan como voceros del movimiento; Douglas viene del sector de la Academia y Jeancarlo del sector estudiantil, que es llamado el ‘19 De Abril’. Ahora están en un estado de autoexilio, y aprovechan para viajar y compartir los deseos y necesidades del movimiento. Jeancarlo explicó que, desde la escalada de la confrontación entre el gobierno y el movimiento, no ha sido seguro quedarse o regresar a Nicaragua. Por sus roles en la Alianza Cívica, si regresaran a Nicaragua, enfrentarían la posibilidad de ser arrestados o asesinados por las fuerzas del gobierno.

Los pregunté sobre el movimiento y cómo ha cambiado desde el principio. Douglas y Jeancarlo afirmaron que, cuando empezaron las manifestaciones, fueron basados en el descontento popular con los cambios impuestos al sistema de seguridad social. Sin embargo, según Douglas y Jeancarlo, cuando ocurrió la primera muerte a manos del gobierno, el movimiento cambió completamente. Después de esas demostraciones de poder y represión hacia los manifestantes por el gobierno y los paramilitares, el movimiento no fue uno de seguridad social, sino uno de fervor revolucionario contra la represión gubernamental. Ahora, el movimiento es basado en valores de la democracia y la libertad ante la represión. Después de la primera víctima, el propósito de los manifestantes se transformó a, como declaró Alemán en su discurso, “negociar [la] salida” del presidente Daniel Ortega (BBC Mundo).

Después del discurso entre Lesther Alemán y el presidente, además, el movimiento se hizo aún más peligroso para muchos de los participantes. Según Jeancarlo, desde el momento en que Alemán habló a Ortega y Murillo, la oposición ha crecido. Ahora millones saben del movimiento, las demandas, y el papel valioso que tienen los estudiantes. Aunque este reconocimiento ha sido muy importante para el movimiento, también ha creado un nivel amplificado de peligro para los participantes.

Sin embargo, aunque todavía parece una batalla difícil para el movimiento de oposición, Jeancarlo y Douglas han indicado que sí hay esperanza para una resolución pacífica en el futuro. En la entrevista, hablamos mucho de la dificultad de crear una resolución en una situación cuando hay tanta energía, sensibilidad, y enojo en ambos lados. Tantas personas han muertos o han sido encarceladas injustamente por las fuerzas del gobierno, y la gente teme la impunidad para los culpables. Por otro lado, el gobierno y sus defensores mantienen que los miembros del movimiento de oposición son terroristas o violentos, y que por eso no pueden cooperar.

Pero, dice Douglas, ambos lados del conflicto sí quieren la paz, porque es lo más beneficioso para todo el país. Ellos pretenden que, aunque sí quieren que Ortega y su administración renuncie, esperan hacerlo por causa de negociaciones pacíficas. No buscan un golpe o una asunción forzada, porque eso es contrario a los ideales democráticos que valoran—simplemente quieren que el gobierno reconozca su culpa y resigne con dignidad y con respeto. Como explicó Douglas en nuestra entrevista, solo tienen dos opciones: “podemos negociar o podemos tener una vida terrible para el país, la miseria absoluta,” y una de esas claramente es la mejor.

Los líderes del movimiento estudiantil señalan que esta forma de resolución venga en el futuro cercano. Explicaron en el evento el 13 de noviembre que el gobierno está perdiendo su dinero y, por consiguiente, su influencia política. Porque la economía está en un estado de caos, las fuerzas de Daniel Ortega no poseen los fondos que necesitan para mantener su influencia por métodos como el clientelismo. Douglas y Jeancarlo detallaron que, en los últimos meses, Ortega no ha renunciado porque ha tenido demasiado incentivos financieros para quedarse en la posición de poder. Sin embargo, mientras el gobierno pierda el dinero, estos incentivos disminuyen y, finalmente, Ortega tendrá que renunciar.

A pesar de todo, aunque Douglas y Jeancarlo tienen confianza que Ortega renuncien y que haya una resolución pacífica, eso no puede pasar sin el apoyo internacional. Esto es exactamente la razón por que ellos dos viajan por los Estados Unidos: para visitar a varias organizaciones y universidades estadounidenses y para ganar el apoyo de los líderes y los académicos. Ya se han encontrado con los líderes de organizaciones internacionales que están basadas en los E.E.U.U., incluso la ONU o la OEA. Con reuniones así, ellos buscan ganar el apoyo de la comunidad internacional, que ven como necesario para una resolución pacífica.

 

A discussion with the young activists of Nicaragua’s Civic Alliance (English)

Since April of this year, the state of Nicaragua has been in a state of complete disorder, leaving the government of Daniel Ortega and his wife (the vice president), Rosario Murillo, in a position of crossroads. This disorder began with public demonstrations following Ortega’s decision to lower the budget for social security programs in Nicaragua, which would in turn affect millions of citizens. These changes, together with criticism of the actions (or inaction) taken by the government to address problems of inequality and crisis events, contributed to a national fervor that provoked the demonstrations. Thousands of people participated in these initial protests, but, for the most part, they were led by university students and young people.

The first demonstrations were peaceful but quickly led to violence by state police and paramilitary forces, in which at least 26 protesters were killed (The New Yorker). Since then, the movement has grown and transformed completely, and has gained a lot of attention in the international sphere. The movement is now known as the Nicaraguan Civic Alliance, and it has the support of many different sectors of the Nicaraguan population. University students have established themselves as the heart of the movement, leading with demands that the Ortega administration put an end to its role in violence and repression against those who are fighting for democratic ideals.

In May, a 20-year-old student named Lesther Alemán caused an amplified sense of crisis when he stood and spoke directly to Ortega and Murillo during a public meeting, demanding their resignation. Since this speech, student leaders have been the source of considerable publicity and attention, making them especially vulnerable to threats and attacks by the armed forces that support the government. For this reason, many young people in the movement have fled Nicaragua; it is estimated that there are 30 thousand exiles in Costa Rica now (Univisión). Also, because of the danger of participating in protests, and because the government does not want students to have a place to organize, most of the universities in Nicaragua were closed shortly after the demonstrations began and have yet to reopen.

Due to this hostile political climate, some of these young Nicaraguans are traveling around the world to inform others about their movement and to gain support from international leaders. Two leaders of the Civic Alliance, Jeancarlo López, 21, and Douglas Castro, 29, came to the University of Pittsburgh last month to do exactly this. They participated in an event called "Protests in Nicaragua: A Voice of Resistance" on November 13, through the Center for Latin American Studies (CLAS); Through this discussion they tried to express the wishes of the movement and gain support from American academics. Because they came to Pitt for this event, I had the opportunity to interview them to learn and understand more about their experience and their fight for justice.

First I asked them to explain the movement, how it started, and how they specifically are involved. Douglas described the structure and purpose of the Civic Alliance, stating that it functions as a sort of liaison between the government and the people; however, the Alliance has grown to be a powerful political movement aimed to expose the injustices of the government towards the Nicaraguan people. He explained that the Civic Alliance is divided into 6 sectors: the private sector, the Caribbean coast, the academy, society [?], The student movement, and the peasant movement. In part, the Alliance works to bring together the interests of these diverse sectors and to create a more powerful movement that represents the interests of the entire population. In short, therefore, the Alliance is a crucial actor in the dialogue between the government and the people who are asking for change.

Douglas and Jeancarlo operate as spokesmen for the movement; Douglas comes from the academy sector and Jeancarlo from the student sector, which is called the '19 de Abril '. They are currently in a state of self-exile in Nicaragua, and are taking this as an opportunity to travel through the Americas and share the goals and needs of the movement. Jeancarlo explained that, since the confrontation between the government and the movement escalated, it has not been safe to stay or return to Nicaragua. For their roles in the Civic Alliance, if they returned to Nicaragua, they would face the possibility of being arrested or killed by government forces.

I asked them about the movement and how it has changed from the beginning. Douglas and Jeancarlo affirmed that, when they began, the demonstrations were based on popular discontent with the changes imposed on the social security system. However, according to Douglas and Jeancarlo, after the first civilian death occurred at the hands of the government, the movement completely changed. After these demonstrations of power and repression towards protestors by the government and paramilitaries, the movement became not one of social security, but one of revolutionary fervor against repression by the government. The movement is now based more in values of democracy and freedom from oppression rather than welfare rights. Since the first citizen casualty, the purpose of the movement has transformed, as Alemán declared in his speech, into one "to negotiate [the] resignation" of President Daniel Ortega (BBC Mundo).

Practically immediately following this discourse between Lesther Alemán and the president, the movement became more dangerous for many of the participants. According to Jeancarlo, from the moment Alemán spoke to Ortega and Murillo, the opposition movement has flourished; now millions know about the movement, the demands, and the valuable role that students have played. Although this recognition has been extremely important for the movement, however, this publicity has made it even more dangerous for participants.

Although it still seems a difficult battle for the opposition movement, Jeancarlo and Douglas have indicated that there is hope for a peaceful resolution in the future. In our interview, we talked a lot about the difficulty in creating a resolution in a situation such as this when there is so much energy, sensitivity, and anger on both sides. So many people have died or been unjustly imprisoned by government forces, and people fear that the guilty will walk away with impunity. On the other hand, the government and its supporters maintain that members of the opposition movement are terrorists or that they are violent, making it nearly impossible to cooperate.

But, according to Douglas, both sides of the conflict do want peace because it is the most beneficial thing for the whole country. They claim that, although they do want Ortega and his administration to resign, they hope that it does so following peaceful negotiations. The student movement does not seek a coup or a forced assumption, because that is contrary to the democratic ideals they value—rather, they simply want the government to acknowledge their responsibility and resign with dignity and respect. As Douglas explained in our interview, they only have two options: "We can negotiate or we can have a terrible life for the country, absolute misery," and one of those is clearly the better option.

The leaders of the student movement predict that this form of resolution is likely to come in the near future. They explained in the discussion on November 13 that the government is losing its money and, consequently, its political influence. Because the economy is in a state of economic chaos, the forces of Daniel Ortega lack the funds they need to maintain their influence through methods such as clientelism. Douglas and Jeancarlo detailed that, for the last few months, Ortega has not resigned because he had too many financial incentives to remain in power. However, while the government loses the money, these incentives decrease and, consequently, Ortega will be forced to resign.

Although Douglas and Jeancarlo are confident that Ortega will resign and that there will be a peaceful resolution, however, this is nearly impossible without international support. This is exactly why the two of them are traveling through the United States: to visit several American organizations and universities and to win the support of international leaders and academics. They have already met with leaders of international organizations that are based in the states such as the U.N. or O.A.S. Through such meetings, they hope to gain the support of the international community, which they view as necessary for a peaceful resolution to occur.

Photo Credit: Kelsey Trimm, Webmaster and Administrative Assistant

Editing: Sergio Cabrales

REFERENCES

  1. Jon Lee Anderson. (2018 Sept 3). ""Fake News" and Unrest in Nicaragua". The New Yorker. Retrieved Sunday, November 18, 2018.
  2. Univision. (2018 Nov 4). ""Es un delito decir la verdad", dice el estudiante nicaraguense que pidio la renuncia de Ortega". Univision. Retrieved Tuesday, November 20, 2018.
  3. BBC. (2018 May 17). "Nicaragua: el impactante discurso de Lesther Aleman, el estudiante que planto cara a Daniel Ortega". BBC Mundo. Retrieved Wednesday, November 21, 2018.
  4. Mary Lee Grant. (2018 Aug 26). "'I will continue to fight': How Nicaraguan students are leading the push to oust Ortega". The Washington Post. Retrieved Sunday, November 18, 2018.

About Author(s)

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Kristen Gugerli
Kristen Gugerli is a senior at the University of Pittsburgh majoring in Political Science and simultaneously pursuing a BPhil in International and Area Studies, minoring in Religious Studies and Spanish, and earning a certificate in Latin American Studies. She studied abroad in the summer of 2017 in Cusco, Peru, and then conducted research abroad in Valladolid, Mexico in the summer of 2018 through the Center for Latin American Studies' Seminar and Field Trip program. She is particularly interested in issues involving indigenous and women's human rights in Latin America, and has tried to incorporate these interests into her studies. She is currently writing her senior thesis about existing trends in the political participation of indigenous peoples in Latin America and around the world.