Los pobladores de las ciudades latinoamericanas y las ciencias sociales

April 27, 2021
A comienzos de la década del 70, dos investigadores publicaron un artículo titulado “de invasores a invadidos”  en el que se describía cómo la generalización de las ocupaciones de tierra por parte de los pobladores en las ciudades latinoamericanas fue sucedida por una nueva “invasión”, esta vez de los investigadores sociales, quienes esperaban confirmar y, en algunos casos prevenir, la explosión social que podía provenir de las barriadas populares. Menciono este hecho por dos razones: En primer lugar, porque el artículo que recientemente publiqué en LARR , tiene por foco precisamente la relación entre el movimiento y la academia. Y es que este encuentro muchas veces no ha sido fácil, sino más bien problemático y ha estado marcado por desconfianzas mutuas.
 
En segundo lugar, sugiero esto, porque creo que mi trabajo académico básicamente se podría sintetizar como un intento por invertir el proceso de “invasión”, estudiando no a los pobladores mismos, sino a quienes han hecho de los pobladores sus principales sujetos de estudio. Y digo que es una inversión, porque mi trayectoria familiar ha estado fuertemente ligada al movimiento de pobladores chileno: provengo de una familia de la Población La Legua, emblemático barrio popular santiaguino, que se instaló, un mes después de la toma, en La Victoria, población en la que me crié y que según la mayor parte de la literatura marca, con su toma de terrenos en 1957, el inicio del movimiento de pobladores en Chile; además soy hijo de militantes de la Coordinadora Metropolitana de Pobladores, ligada al Partido Comunista chileno, coordinadora que organizó la última toma durante la dictadura y que dio origen a la Población Laura Rosa Méndez en La Pintana. 
 
De esta manera, la pregunta que ha guiado mi trabajo ha sido: ¿qué rol le ha cabido a las ciencias sociales en el reconocimiento político de los pobladores como sujeto histórico? Tras haber estudiado la producción académica sobre el movimiento de favelados en Rio de Janeiro y sobre el movimiento de pobladores en Santiago, he llegado a la conclusión de que las ciencias sociales han sido una especie de co-productoras teóricas de los movimientos de pobladores. Aunque esto ha sido tanto positivamente, facilitando el reconocimiento político de ellos gracias a la legitimidad científica que proporciona; como negativamente, obstaculizando muchas veces ese mismo reconocimiento, sea negando la condición de movimiento social de los pobladores o siendo indiferentes a las acciones políticas de los mismos.
 
Las ciencias sociales reproducen los ciclos de movilización de los pobladores con su propia producción. En momentos de un auge movilizador, por ejemplo, cuando la tomas de terreno o las protestas en las poblaciones se han multiplicado, entonces los cientistas sociales retornan a las poblaciones para registrar y muchas veces idealizar esas acciones. Pero, todo lo que sube, tiene que bajar. Cuando el ciclo de movilización entra en declive, los investigadores o inician evaluaciones negativas a partir de las expectativas que sus propios trabajos generaron o simplemente buscan, decepcionados, otros temas de investigación.  Una primera conclusión que se podría sacar es que el interés de las ciencias sociales sobre el movimiento es una especie de indicador de la centralidad política que adquiere el mismo en la escena pública.
 
He aquí el primer mérito del actual movimiento de pobladores en Chile. Los años 90 coincidieron con un proceso de desmovilización que afectó sobre todo a los pobladores y que fue acompañado por un cambio radical de las agendas de investigación de la academia, la cual en algunos casos diagnosticó la muerte definitiva del sujeto poblador. El movimiento de pobladores muchas veces ha superado los moldes en los que las ciencias sociales ha intentado ponerlos, la celebración de los 10 años del Movimiento de Pobladores en Lucha es un ejemplo de eso. El potencial político de la acción de los pobladores no solo persiste, al contrario de lo que creyeron algunos autores en los 90, sino que ha permitido que una nueva generación de investigadores jóvenes retorne a las poblaciones para acompañar su resurgimiento.  
 
¿Qué gana el movimiento de pobladores con esto? Recuerdo la importancia que tuvo para nosotros, un grupo de jóvenes victorianos que habíamos decidido reconstruir la memoria de los fundadores de la población , encontrarnos con un texto de Vicente Espinoza en el que había sistematizado la historia de La Victoria. He aquí un primer rasgo: las ciencias sociales pueden facilitar el proceso de reencuentro con la historia del propio movimiento. Y esa es otra de las características de experiencias como la del Movimiento de Pobladores en Lucha: recoger y reapropiarse de la historia de luchas de nuestro pueblo para convertirla en una aliada en el presente para generar nuevas luchas. Pero, las ciencias sociales también pueden ayudar al movimiento a acceder a recursos para esas disputas. La educación popular, por ejemplo, nace de un intento de aproximar la universidad al pueblo, pero también muchas veces los cientistas sociales pueden ayudar a penetrar en espacios estratégicos como los medios de comunicaciones o pueden intermediar en la disputa de espacios estatales (en conflictos judiciales, territoriales o presupuestarios). Las ciencias sociales también ofrecen recursos discursivos y pueden ayudar en el proceso de transformar demandas particulares en luchas con interés público: la apropiación que el movimiento de pobladores y de vecinos ha hecho del concepto de “derecho a la ciudad” es un buen ejemplo de ello. La ciencia no puede estar al servicio únicamente de los poderosos.
 
Pero, la academia no reemplaza al movimiento e incluso muchas veces puede reproducir mitos que pueden ser perjudiciales para sus luchas. Y en ese sentido, es la práctica del movimiento la que le enseña a la teoría. Ese es el caso, a mi juicio, de una parte importante de los teóricos del movimiento de pobladores que han trazado una línea infranqueable entre lo estatal y el movimiento. La idea de que todo contacto con el aparato público puede significar una cooptación estatal de las luchas. Esta visión subestima la capacidad que tienen los movimientos sociales para colonizar espacios estatales, poniendo a disposición de sus luchas y de los pobladores mismos recursos que implican una mejora de vida en el presente de los actores. Creo que una de las mayores virtudes de Movimientos como Ukamau o el MPL en Chile ha sido su capacidad para aprovechar las brechas que deja el Estado para proponer soluciones habitacionales o educacionales para sus bases, tal como ellos mismos han definido es una política “desde, sin y contra el Estado”. Un movimiento no puede basarse únicamente en la promesa de una sociedad futura, debe proponer soluciones en el presente y el Estado, en ocasiones, será un interlocutor, un facilitador o un adversario para esas conquistas.
 
Pero, la cuestión anterior supone también otra tensión, la relación entre lo social y lo político, la intermediación de los partidos también ha sido calificada como formas de manipulación de las luchas sociales o de suplantación de los actores populares. La conformación del partido Igualdad a partir del MPL problematiza esa creencia. Si bien la instrumentalización de las luchas populares por parte de intereses partidarios es siempre una posibilidad, también lo es la instrumentalización de los partidos por parte de las luchas populares para romper con la exclusión política. Los partidos políticos y otros actores institucionales como, en el pasado, la Iglesia Católica han contribuido a darle centralidad a las luchas y han intermediado en algunas de sus conquistas. Particularmente la fundación de una nueva herramienta política para los pueblos a partir de luchas territoriales implica una definición de política que no es solamente la de las grandes alamedas, sino también la de los pasajes y calles de nuestros barrios populares. Lo que contradice a aquellos autores que reducen la lucha de los pobladores a la conquista de una vivienda. Pero, ¿cómo se demuestra en la práctica que esta lucha es más grande que una casa? La territorialidad que promueven las distintas organizaciones de pobladores, es decir la conformación de espacios populares empoderados en el contexto de una ciudad neoliberal, implica disputarle al mercado la capacidad de decidir sobre lo urbano, es, por lo mismo, un ejercicio de soberanía; implica activar la definición de los pobladores como constructores de ciudad,  supone la posibilidad de los actores populares de decidir sobre su propia vida: por ejemplo, cuando los pobladores deciden permanecer en su comuna, cuando el mercado, aliado al poder público, ha definido su expulsión a los márgenes de la ciudad.
 
Proponer la conformación de un instrumento-partido desde una lógica de los pobladores tiene como consecuencia movilizar un nuevo eje político que complementa el tradicional eje de derecha-izquierda, me refiero al eje arriba-abajo que puede ser determinante en la conformación de una alternativa emancipadora que supere el actual estado de cosas y que proponga una renovación de las alternativas políticas que aspiran a representar al pueblo. Mas, pare eso, este eje se debe comprender como un complemento y no como un substituto del eje derecha-izquierda. Ahora bien, esto nos lleva a una nueva tensión, cómo convocar a las otras luchas de los de “abajo” desde el movimiento de pobladores. Las diferentes luchas populares y subalternas son irreductibles unas a las otras, pero pueden llegar a ser complementarias para potenciarse mutuamente, aunque en ese proceso se pueda dudar de la capacidad del movimiento de pobladores para articular un proyecto amplio y convocante, en la conformación de una alternativa de sociedad que le dé voz y oportunidad a los que han sido siempre excluidos, los pobladores de las ciudades latinoamericanas, sin lugar a dudas, necesariamente estarán presentes.
 
El artículo se puede acceder aquí
 
Cita del artículo: Cortés, A. (2021). The Theoretical Construction of Pobladores and Favelados as Social Movements in Latin America. Latin American Research Review, 56(1), 82–97. DOI: http://doi.org/10.25222/larr.584

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Alexis Cortés
Professor in the Sociology Department at the Universidad Alberto Hurtado (Chile) and director of the master’s program in sociology. He holds a PhD in sociology from the Instituto de Estudos Sociais e Políticos da Universidade do Estado do Rio de Janeiro. His research focuses on social movements, performativity of the social sciences, and Latin American sociology. He is the author of Favelados e pobladores nas ciências sociais: A construção teórica de um movimento social (2018), EDUERJ, Rio de Janeiro.