Clases sociales y riesgos de pobreza y aumento de la desigualdad en Latinoamérica, en tiempos de pandemia

November 17, 2020
Estos tiempos de pandemia y (auto) enclaustramientos y distancias obligados o precautorias, nos permiten en algunos casos, observar las condiciones diversas que genera los efectos del COVID-19 en la estructura social, ya que sus implicancias son diversas de acuerdo a la posición de clase de diversas poblaciones.
 
Las dificultades se expresan en los datos recientes, Latinoamérica ha aumentado sus indicadores de pobreza y desocupación y en el mismo período, aumentado sus valores de desigualdad social, expresado en medidas resúmenes de ingresos, además de las proyecciones negativas de sus PBI, registrando caídas históricas en casi todos los países de la región.
 
Bajo esa matriz que parece perdurable, se explican las singularidades de Latinoamérica y el Caribe, donde la mayor peligrosidad de la pandemia recae en aquellos segmentos sociales que muestran mayores debilidades ocupacionales y peores condiciones de vida. Aunque la muerte por el COVID afecta principalmente a la población adulta, los niveles de contagio son mayores en las poblaciones más jóvenes, y allí incide principalmente en personas, hombres y mujeres del continente, que deben trabajar en condiciones precarias, poco seguras, pauperizadas, en muchos casos dependiendo del movimiento de personas, y que además viven en casas más pequeñas, en muchos casos hacinadas y hacinados, y en hábitat más insalubres.
 
El origen de esas condiciones heterogéneas, que tiene su base en la capacidad productiva de las unidades económicas, propias de la formación e historia del capitalismo latinoamericano, tiene efectos importantes según las relaciones laborales. En el sector de "alta productividad" o  "formal", se ve beneficiado de relativamente mejores salarios y condiciones de trabajo y de salud, mejor protección y proyección de progreso dentro de la empresa, lo cual se sostiene co unidades económicas de mayor productividad. Allí es posible encontrar a grandes, medianos incluso pequeños empresarios junto a  trabajadoras y trabajadores con mejor capacidad para hacer frente a la pandemia y las medidas de aislamiento social: ya sea resguardando salarios, beneficios, o mejores condiciones de hábitat que le permiten resguardarse mejor ante la pandemia.
 
Por el contrario, en el sector de "baja productividad" o sector "informal", las relaciones laborales no están guiadas por las exigencias de productividad o un interés para retener trabajadores cualificados o experimentados, sino por factores de oferta y estrategias de supervivencia. Las relaciones laborales son a menudo integradas en el parentesco o las relaciones personales informales, y los salarios, beneficios laborales y seguridad en el empleo tienden a ser significativamente más bajos que en el sector formal. Las actividades laborales en muchos casos implican fungibilidades extensas de la fuerza de trabajo, lo cual ya genera condiciones de mayor prevalencia ante enfermedades, y en este caso de una pandemia.
 
La distinción entre las relaciones de trabajo formales e informales es particularmente relevante entre los trabajadores asalariados manuales, pero también se aplica a los trabajadores no manuales de rutina, y más específicamente a los empleados del comercio, donde la heterogeneidad de las unidades productivas y las condiciones de trabajo ha sido ampliamente documentados en anteriores los estudios sobre el sector informal en América Latina.
 
Una segunda característica de los mercados de trabajo latinoamericanos es la expansión del trabajo por cuenta propia. Este rasgo también ha sido vinculado a la heterogeneidad estructural, ya sea que el trabajo por cuenta propia representa en muchos casos una actividad de refugio para los trabajadores que no encuentran cabida en el sector formal o por la necesidad de la independencia laboral ante condiciones disciplinarias degradantes. No obstante, las actividades y condiciones laborales de los trabajadores por cuenta propia son muy diversas, por lo que sería equivocado clasificarlos a todos por igual. 
 
Es en esta última clase en la que existe una mayor heterogeneidad ocupacional, ya que integra desde trabajadores calificados y semi-calificados (no profesionales) que ofrecen sus servicios de manera independiente, hasta los ya mencionados trabajadores informales, que suelen desempeñarse en ocupaciones de baja calificación, bajo condiciones laborales muy precarias, y fundamentalmente en los servicios personales y el comercio. 
 
La necesidad del ingreso no los puede mantener en situaciones de aislamiento, y aunque se generen políticas públicas de transferencias producto de la ausencia de recursos, las mismas son reducidas en relación a los ingresos generados en situaciones laborales, aunque sea precarias, para un segmento importante de cuenta propias marginales. Por otro lado, muchas de esas actividades se realizan en la calle, por lo cual, la necesidad de la reproducción económica asume nuevos peligros, la transmisión del virus y su propagación a sus redes de proximidad.
 
Latinoamérica vive un proceso singular, luego de la tendencia positiva de la disminución de la pobreza en la mayoría de los países de la región, las mejores condiciones de vida de la población adulta, y su contínua disminución de la desigualdad social, hoy vive con zozobra como el Covid lo destruye, en corto plazo.
 
El artículo se puede acceder aquí
 
Cita del artículo: Solís, P., Chávez Molina, E., & Cobos, D. (2019). Class Structure, Labor Market Heterogeneity, and Living Conditions in Latin America. Latin American Research Review, 54(4), 854–876. DOI: http://doi.org/10.25222/larr.442
 

 

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Eduardo Chávez Molina
Investigador del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires, y Director de la Carrera de Sociología de la Universidad Nacional de Mar del Plata