Para ser una mujer perfecta: Sociedad, imagen del cuerpo y trastornos alimenticios en Colombia

Por Abby Neiser

Los trastornos alimenticios son un fenómeno que sigue creciendo, con frecuencia, una tendencia preocupante.  Según el Instituto Nacional de la Salud Mental, los trastornos alimenticios, específicamente la anorexia, son las enfermedades psiquiátricas más mortales (Insel, 2012).  Aunque se están haciendo más comunes alrededor del mundo, las tasas de trastornos alimenticios varían entre países diferentes (Galmiche et. al, 2019), sugiriendo que son un producto de la sociedad en que ocurren.  Por eso, es importante reconocer los factores sociales que son responsables para esta tendencia lamentable.  Hay que considerar no sólo los hechos médicos sino también el ambiente, las expectativas y las presiones para tener una perspectiva suficiente y holística de este problema.

América Latina presenta factores así únicos en comparación con el resto del mundo, principalmente por la cultura de machismo.  El caso de Colombia en particular es especialmente interesante no sólo por la cultura machista sino también por la prevalencia de modelos y moda y la cultura narco en algunas partes.  Por eso, es buen ejemplo para estudiar cómo la cultura puede impactar la presencia de trastornos alimenticios en una sociedad.  Un análisis de la investigación sobre este asunto en Colombia revela que la frecuencia de estas enfermedades es un producto de la influencia occidental y la cultura local y que las niñas y mujeres más jóvenes y pobres son las personas más vulnerables.

Para empezar, es importante pensar en el contexto latinoamericano en general.  En una revista de varios estudios, Kolar et. al descubre que los trastornos alimenticios son comunes en América Latina, particularmente el trastorno por atracón y la bulimia (2016, p. 363).  Además, estos investigadores dicen que varios aspectos de la cultura latinoamericana hacen la anorexia menos común que estas dos otras enfermedades (Kolar et. al, 2016, 369).  Entre estos se encuentran la idealización de la mujer “curvilínea” y la importancia cultural de la comida (Kolar et. al, 2016, 369).  Este fenómeno está presente en representaciones culturales también, como el cuento “Verde en el borde” de la autora chilena Andrea Maturana.  La protagonista del cuento, Francisca, parece sufrir de bulimia.  Después de comer con su novio, Diego, Francisca dice que tiene que ir al baño, supuestamente para vomitar chocolates que comió antes (Maturana, 2008, p. 121).  Los acontecimientos que siguen representan la lucha no sólo de alguien que sufre de un trastorno alimenticio sino también de alguien que ama a una persona así.  Además de mostrar este trastorno común, los factores discutidos en el análisis de Kolar et. al están presentes en el cuento.  Los investigadores hablan de la comida como algo casi curativo o medicinal en el contexto latinoamericano (Kolar et. al, 2016, 369).  Maturana toma este aspecto de una manera retorcida cuando escribe de cómo Diego piensa en la comida de Francisca como una “dosis” (Maturana, 2008, p. 121).  Además, Renée Scott discute en su libro What Is Eating Latin American Woman Writers? los elementos de poder en este cuento.  Dice que, aunque Francisca es técnicamente una víctima del trastorno, todavía domina a Diego (Scott, 2009, p. 93).  Esto es un reverso de la dinámica de poder tradicional en la sociedad patriarcal de la región.  En resumen, la ironía cruel de los trastornos alimenticios en este contexto es que las presiones que contribuyen a su prevalencia fomentan conformidad, pero al mismo tiempo el resultado es una brecha con estos estándares.

Teniendo este contexto en cuenta, se puede hablar de las particularidades del caso de Colombia.  En Colombia, la prevalencia de la bulimia por la vida de un adulto es 0.4% y del trastorno por atracón es 0.9% (Kolar et. al, 2016, 367).  Existen varios estudios sobre diferentes aspectos de lo que aumenta la posibilidad de tener un trastorno alimenticio, que tiene mucho que ver con las percepciones de la imagen del cuerpo.  Esta investigación trae muchas perspicacias al entendimiento de los factores sociales de los trastornos alimenticios y la imagen del cuerpo en Colombia, y una revista de ella revela tendencias interesantes e importantes.  Principalmente, lo que la investigación muestra es que la presión del machismo en la mujer y la pobreza son más responsables para los trastornos alimenticios en Colombia, porque están íntimamente relacionadas con la imagen del cuerpo.

El primer estudio para discutir tiene que ver con los niños de edad escolar.  Los investigadores determinaron que un tercero de los estudiantes encuestados de Cartagena fue bajo el riesgo de comportamiento de los trastornos alimenticios (REDB por su acrónimo en inglés) (Gómez Bustamante y Colgollo Milanés, 2013, p. 454).  Además, los determinantes más fuertes según este estudio son beber alcohol, fumar cigarrillos y ser una mujer (Gómez Bustamante y Colgollo Milanés, 2013, p. 454).  Estos descubrimientos implican que hay presiones de género y del uso de estas sustancias ilícitas.  Parece bastante intuitivo que las niñas serían más vulnerables para los trastornos alimenticios, pero por qué esto es así es otro asunto importante.  La razón por qué beber y fumar están asociados con mayor riesgo de los trastornos alimenticios también es una cuestión esencial.  Este estudio muestra el “qué” pero lo que todavía falta es el “por qué.”  Los otros estudios contestan esta pregunta.

La segunda investigación trata de las actitudes sobre los trastornos alimenticios y la cirugía plástica por las mujeres universitarias en Colombia y los Estados Unidos.  Esta comparación revela distinciones importantes entre Colombia y otros países, porque, aunque hay presiones en las mujeres en casi todas las culturas del mundo, las expectativas que existen y las maneras en que manifiestan son diferentes.  Los dos países tienen culturas patriarcales, pero exactamente qué esto implica es distinto.  Por ejemplo, más mujeres estadounidenses que mujeres colombianas dijeron que harían la cirugía plástica para razones personales (Carrion et. al, 2011, p. 289).  Los investigadores proponen que esta brecha tiene que ver con el machismo, que las mujeres colombianas lo harían para los hombres en sus vidas (Carrion et. al, 2011, p. 289).  Otro ejemplo de este estudio es la tendencia de las mujeres colombianas con alimentación trastornada de aceptar cirugía plástica para razones sociales (Carrion et. al, 2011, p. 289).  Esto podría implicar que, para las mujeres colombianas, el patriarcado y el machismo son vistos como externos, mientras en los Estados Unidos el patriarcado es bien internalizado en las mujeres.  En otras palabras, las mujeres colombianas sienten presión de otros, y las mujeres estadounidenses ponen presión en si mismas.  El resultado en cualquier caso es un deseo y voluntad para cambiar su propio cuerpo, sin importar el costo.  Esta distinción matizada es una reflexión cultural importante, porque las maneras en que se puede resolver el problema son diferentes.

Otro estudio habla aún más de los factores sociales y también socioeconómicos que afectan la incidencia de trastornos alimenticios, específicamente en Medellín.  Según el artículo, el estándar de belleza en Colombia es una mujer rubia y alta con ojos claros, que completamente descuerda con la apariencia típica de una mujer colombiana (Ochoa, 2011, p. 344).  Por eso, es casi necesario que las mujeres cambien sus cuerpos si quieren conformar con esta imagen idealizada.  Además, Medellín es “el capital de la moda de Colombia,” y viven muchas modelos en la ciudad (Ochoa, 2011, pp. 346-47).  Esto hace que este estándar no realista está omnipresente, aumentando la presión en las mujeres allí.  En combinación con el machismo, el resultado es que las mujeres piensan en la belleza como un “sacrificio” (Ochoa, 2011, p. 350).  Muchas veces, este sacrifico incluye su propia salud.  Otro aspecto es la cultura narco en Colombia.  Para muchas mujeres de clase socioeconómica baja, no existen muchas opciones además de atraer una pareja para cuidar de ella (Ochoa, 2011, p. 352).  La mujer “perfecta” dentro de este contexto también es muy específica, y el proceso de alcanzar este ideal les pone a las mujeres en mayor riesgo de los trastornos alimenticios (Ochoa, 2011, p. 352).  Como Bourdieu (2001) señala, las mujeres pobres son en “un estado permanente de inseguridad corporal” como resultado de esta realidad (citado en Ochoa, 2011, p. 352).  Esta cultura también es asociada con el uso de las sustancias ilícitas mencionadas anteriormente, que sube el riesgo de los trastornos alimenticios.

Con todo esto en cuenta, se puede llegar a algunas conclusiones.  La primera—y quizás más importante—es el papel que el machismo tiene en causar problemas de la imagen del cuerpo y el riesgo de los trastornos alimenticios.  Las mujeres sienten presión externa de conformar con estas expectativas, y en una sociedad patriarcal es difícil romper filas y rechazar lo que quieren los hombres.  La segunda es la imagen no realista de la mujer perfecta que existe en la sociedad colombiana.  El énfasis en el cabello rubio y los ojos claros muestra la influencia de los estándares de belleza occidentales, que no combinan bien con la realidad colombiana.  La expectativa de ser curvilínea de la manera “correcta” también contribuye al sentido constante de que el cuerpo femenino sólo puede aparecer de una cierta manera.  Estas expectativas imposibles provocan una insatisfacción con el cuerpo, que puede causar una obsesión con las dietas, dismorfia y trastornos alimenticios.  Es aún peor en lugares como Medellín, en que la moda es muy popular.  Tercero, la cultura narco y el uso de sustancias ilícitas están bien vinculadas con la insatisfacción corporal y los trastornos alimenticios.  La desesperación que muchas mujeres tienen y la cosificación de ellas dentro de esta cultura ponen aún otra presión en las mujeres para caber dentro de una caja inalcanzable.  Finalmente, estas presiones no discriminan por edad.  Las niñas y mujeres jóvenes son especialmente vulnerables para los trastornos alimenticios y problemas con la imagen del cuerpo.

El caso de Colombia es un recuerdo de la importancia de estudiar la cultura en que ocurre un fenómeno.  Aunque los trastornos alimenticios afectan a personas, especialmente a las mujeres, alrededor del mundo, las razones por qué son distintas.  Causas diferentes significan soluciones diferentes.  La prevalencia y el aumento de los trastornos alimenticios y problemas con la imagen del cuerpo son sólo una consecuencia del patriarcado en la salud de la mujer.  Identificar los factores específicos en cada cultura es imprescindible para solucionar estos problemas innecesarios.

Abby Neiser is a senior at the University of Pittsburgh majoring in Political Science and Spanish with a minor in Portuguese and a Certificate in Latin American Studies.  During the summer of 2019, she studied abroad in Cuba as part of the Pitt in Cuba program.  She is also the President of the Luso-Brazilian Student Association at Pitt.  Abby is primarily interested in Latin American politics, international relations, social movements, and the intersection between politics and artistic expression.  Upon graduating, she plans to pursue a career in public service or international relations.


Referencias

Carrion, C., S. Litman, L. Rabin, & J. Fogel. (2011). Predictors of attitudes toward cosmetic surgery among U.S. and Colombian college women: the roles of eating behaviors and demographic variables. Avances en psicología latinoamericana, 29(2), 276-294. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3882315

Galmiche, M., P. Déchelotte, G. Lambert, & M. Tavolacci. (May 2019). Prevalence of eating disorders over the 2000–2018 period: a systematic literature review. The American Journal of Clinical Nutrition, 109(5), 1402–1413. https://doi.org/10.1093/ajcn/nqy342

Gómez Bustamante, E. & Z. Cogollo Milanés. (2013). Risk of Eating Behavior Disorders in Adolescents from Cartagena, Colombia. Investigación y Educación En Enfermería, 31(3), pp. 450–56.

Insel, T. (2012, February 12). Post by Former NIMH Director Thomas Insel: Spotlight on Eating Disorders. National Institute of Mental Health. https://www.nimh.nih.gov/about/directors/thomas-insel/blog/2012/spotlight-on-eating-disorders.shtml

Kolar, D. R., Rodriguez, D. L., Chams, M. M., & Hoek, H. W. (2016). Epidemiology of eating disorders in Latin America: a systematic review and meta-analysis. Current opinion in psychiatry29(6), 363–371. https://doi.org/10.1097/YCO.0000000000000279Maturana, Andrea. “Verde en el borde.” (Des)encuentros (des)esperados, Alfaguara, 2008, pp.119-133.

Maturana, Andrea. (2008). Verde en el borde. (Des)encuentros (des)esperados, Alfaguara, 119-133.

Ochoa, A. (2011). “Gender, eating habits and body practices in Medellín, Colombia.” Medische Anthropologie, 23(2), 343-356. http://tma.socsci.uva.nl/23_2/ochoa.pdf

Scott, R. (2009). What Is Eating Latin American Women Writers? Cambria Press.

 

About Author(s)