EE.UU.-China: el reloj corre, pero aún queda un espacio para resetear la relación

August 26, 2020

Once años atrás enseñé en la prestigiosa Universidad de Nankai bajo el programa de la Comisión Fulbright en China. En una de mis clases les pregunté a los estudiantes si creían que el desarrollo económico lleva a la democracia. Mi pregunta generó un debate infrecuente, lúcido y optimista sobre el futuro de China.

Hoy la pregunta no tendría sentido. En la última década, China se ha transformado en un sistema político mucho más autoritario pese a su crecimiento económico.

Tampoco podría hacer esa pregunta. El gobierno de Donald Trump eliminó el programa de intercambio de Fulbright para China abruptamente.

Mi estadía en Tianjin, Pekín y otras ciudades me permitió construir una red de contactos y colaboraciones de enorme valor. Sin embargo, en el último año tuve que orientar gran parte de mi atención como líder de una universidad global a profundizar mecanismos para proteger nuestra investigación científica, propiedad intelectual y seguridad cibernética en la relación con instituciones en aquel país.

¿Ha comenzado una Guerra Fría entre Estados Unidos y China?

Llamémosla Guerra Fría, confrontación o continuidad, la realidad es que la relación bilateral entre los superpoderes se desploma. La pregunta más urgente es: ¿cuál será el grado de conflicto entre estos países en los próximos años?

Las áreas de conflicto son muchas y complejas. A modo de ilustración: de la guerra comercial a la red de 5G, de las tensiones en torno al coronavirus a las acusaciones de robo de investigación científica, de la escalada militar en el Mar de la China Meridional a la liquidación de la autonomía de Hong Kong, del deterioro de las relaciones de China con Australia a la cooperación e integración entre China y Rusia en Eurasia. Y falta mencionar a Taiwán, Irán, la India, Venezuela, África, Europa, la nueva Ruta de la Seda, la situación de los uigures y las inversiones chinas en infraestructura alrededor del mundo. Y, como si fuera poco, las declaraciones de máximos funcionarios de Trump que caracterizan a China como la mayor amenaza estratégica a la seguridad nacional y económica de Estados Unidos.

Si China busca o no la eventual desaparición del capitalismo occidental, como se ha dicho a los más altos niveles en Washington, es menos importante que dilucidar si la escalada de tensiones se calentará rápidamente, elevando las ansiedades en ambos campos y destruyendo lo que queda de la confianza mutua.

Estados Unidos acusa a China de haber abusado del sistema abierto de competencia global creado después de la Segunda Guerra Mundial. China habría usado su sistema cerrado interno para tomar ventaja de su participación en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y otros organismos multilaterales. Simultáneamente, se ha terminado para muchos la ilusión de que el capitalismo democrático podría contener al expansionismo chino. La combinación de ambas perspectivas no deja otra salida que pensar en que estamos en una nueva era de competencia entre superpoderes.

China y Estados Unidos encarnan dos modelos económicos dentro del esquema capitalista. Sí representan dos modelos políticos. La idea de competencia entre la democracia liberal y un sistema de partido único adquiere un perfil particular cuando las democracias establecidas exhiben rasgos cada vez más autocráticos y el número de nuevas autocracias supera a las nuevas democracias por primera vez desde 2001.

Visto desde acá, este momento huele mucho a macartismo. Las preocupaciones sobre universidades norteamericanas amenazadas por agentes enemigos, el ambiente generalizado de sospecha, el cuestionamiento a la lealtad a Estados Unidos y las actitudes de hostilidad hacia los individuos de origen chino se filtraron en la cultura norteamericana. Este contexto creó un sentimiento exagerado de vulnerabilidad.

No obstante, más allá de las declaraciones estridentes y los escenarios que pintan imágenes de un futuro dominado por el comunismo chino, la capacidad nuclear y militar de China, su indiscutido expansionismo y el fin del monopolio global de Estados Unidos, sumado a su profunda crisis interna, auguran un futuro poco optimista.

Para pensar el futuro del conflicto entre China y Estados Unidos hay que recordar tres cosas. A China no se la puede cambiar. Tampoco se la puede ignorar. Sin embargo, China requiere mantener su inserción en el orden comercial global y necesita de Estados Unidos para alcanzar los niveles de innovación y avance científico que marcarán su futuro. Esta combinación de elementos sugiere la posibilidad de idear un nuevo marco de confianza mutua. Corre el reloj, pero todavía queda un pequeño espacio para resetear la relación.

Nota: Este articulo fue originalmente publicado en el diario La Nación, el 25 de Julio del 2020, disponible en:https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/eeuu-china-el-reloj-corre-pero-aun-...

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Ariel C. Armony
Ariel C. Armony leads the University of Pittsburgh’s global engagement as the Vice Provost for Global Affairs and Director of the University Center for International Studies, home to the University’s top-ranked thematic and area studies centers. He also holds faculty appointments in the Graduate School of Public and International Affairs and Department of Political Science in the Dietrich School of Arts and Sciences. In his role as Vice Provost for Global Affairs, Armony works to advance the University’s global plan “Embracing the World,” which places global learning, research, partnerships, and community engagement at the center of the University’s mission. The plan takes a strategic approach to international partnerships, encourages concerted decision-making that leads to transformational action across all Pitt campuses, and guides Pitt toward real-world impact through global learning and research. Armony is a frequent commentator for U.S. and international media, most recently on the topics of innovation in international education, the globalization of cities, and the changing role of China in Latin America. His research areas also include democratization, civil society, and human rights topics. His work has been published in top university presses (Cambridge, Stanford, and University of California) and his academic work has been influential in shaping major debates such as the relationship between democracy and civil society and the transnationalization of state-sponsored repression. He has been a leader in defining the field of China-Latin America relations. His current work, which is drawing worldwide attention, addresses the emergence of new global cities such as Miami, Dubai, and Singapore. Before arriving at Pitt, Armony led the University of Miami’s Institute for Advanced Study of the Americas. He has been a Fulbright scholar, Rockefeller Foundation scholar, and residential fellow at the Woodrow Wilson International Center for Scholars.