Un Panorama de Cultura y Turismo en Yucatán

Por Abby Neiser (Pitt), Isabel Morales (Pitt), Rodríguez Garay Carlos Enrique (UNO), Cano Llanes Diana Berenice (UNO), Hoil Rodríguez Diana Guadalupe (UNO)

Un Panorama del Impacto del Turismo en Yucatán

El gobierno mexicano considera el turismo “el gran motor de la economía nacional,” y la Península de Yucatán es una parte importante de esto (Secretaría de Turismo, 2018).  La península incluye destinos populares como Cancún y Riviera Maya, además de sitios mayas como Chichen Itza.  Cada año, Cancún y Riviera Maya alojan más de diez millones de turistas en hoteles, y el aeropuerto de Cancún constituye 17% de la participación de las llegadas de pasajeros en México (Secretaría de Turismo, 2018).  En total, el turismo representa 10.1% del Producto Interno Bruto (PIB) en Yucatán, así que es un componente crítico de la vitalidad económica de la región (Inclán, 2020).  Como muchos otros lugares, la pandemia de COVID-19 ha impactado el sector de turismo de Yucatán mucho.  La reapertura económica ha mejorado la situación, pero el número de turistas todavía no se ha recuperado completamente, y como resultado, la gente que trabaja en el sector está sufriendo (Rodríguez, 2020).  El gobierno ha introducido medidas para adaptar el turismo para las restricciones de la pandemia (Inclán, 2020).

Como ya mencionado, el gobierno federal de México valora el turismo, y tiene planes para crecer el sector del turismo.  El gobierno delineó cinco objetivos para mejorar el turismo que quiere lograr para el año 2040 (Secretaría de Turismo, 2018).  Primero, quiere incrementar la seguridad de los destinos turísticos (Secretaría de Turismo, 2018).  Segundo, aspira a ser el quinto país más visitado del mundo (Secretaría de Turismo, 2018).  Tercero, quiere aumentar la competitividad del sector para proveer servicios mejores y más diversos (Secretaría de Turismo, 2018).  Cuarto, espera mejorar el nivel de vida de la gente local en regiones turísticas (Secretaría de Turismo, 2018).  Quinto, pretende desarrollar el sector de turismo de una manera sostenible (Secretaría de Turismo, 2018). Por el cambio climático y la población alta de gente indígena en la región, las últimas dos metas son especialmente importantes en el contexto de Yucatán y valen la pena discutir en más detalle.

La conservación sostenible de sitios turísticos altamente ricos en cuanto a naturaleza y cultura, tales como la península de Yucatán, es de suma importancia para garantizar el cuidado del medio ambiente y el bienestar de las comunidades, y a la vez, generar oportunidades para el desarrollo del país. Para la región de Yucatán, el turismo en sí se ha basado en la cultura maya, la cual es representada de diversas formas a través de los vestigios monumentales y cerámicas, o de los recursos naturales que se fueron estableciendo como Áreas Naturales Protegidas y sitios turísticos importantes. Dentro de estos sitios, están los cenotes, donde se ha notado una inclusión excesiva de infraestructura, que reduce el impacto e importancia ambiental natural y cultural del entorno (Puerto, n.d.). México ocupa el segundo lugar en recursos naturales cuantificables, pero está en la posición 116 de 136 en la categoría de sostenibilidad del medio ambiente (Secretaría de Turismo, 2018). La sobreexplotación de esos recursos pone en riesgo el medio ambiente y a las comunidades cercanas. Las condiciones geográficas de la península de Yucatán también la hacen vulnerable a los efectos del cambio climático, que sin planeación, tienen un efecto desfavorable para el turismo. Por estas razones, la mitigación de los factores que impactan el turismo requerirá estrategias y políticas a largo plazo dentro del marco de la sostenibilidad por parte del Estado. 

De igual manera, es importante resaltar la necesidad de incluir los intereses de las comunidades indígenas actuales dado el valor del patrimonio natural para el turismo. Entonces, alcanzar el objetivo de desarrollo sostenible también implica respetar las disposiciones y necesidades de las comunidades indígenas para crear una relación armoniosa entre el desarrollo del turismo y el medio ambiente junto con sus comunidades (Puerto, n.d.) . 

Hasta ahora, se han adoptado medidas de conservación ecológicas que cuentan con la incorporación de tecnologías para el uso eficiente de recursos, en conjunto con la meta planeada para el 2024 de generar 35% de la energía eléctrica utilizada en el país con energías limpias (Secretaría de Turismo, 2018). Asimismo, la Secretaría de Fomento Turístico de Yucatán (Sefotur) implementará el “Programa de Certificación de Sustentabilidad de Cenotes Turísticos de Yucatán” con el fin de proteger el patrimonio biocultural y promover el turismo sustentable. Esta certificación permitirá implementar una serie de diagnósticos de campo en cenotes turísticos donde se podrá monitorear la infraestructura y analizar su impacto social y ambiental (AFMEDIOS, 2020). 

Contextualización de la tradición, simbolismo y hechicería

En Yucatán desde tiempos prehispánicos los mayas poseían curiosidad por temas de la religión, Fray Diego de Landa en la Relación de las cosas de Yucatán expresa que el valor se igualaba al del gobierno, contaron con un sacerdote llamado Ah Kin May, conocido igualmente como Ahau Can May, que significa el Gran Sacerdote May, la naturaleza de este oficio está ligada a una sucesión hereditaria, de modo que los aprendizajes transmitidos, por ejemplo, sus ciencias, fiestas, negocios, ceremonias y la escritura de libros con temática religiosa; se transmitía exclusivamente a los consanguíneos de otros sacerdotes, inducidos fielmente hacia al oficio, con el fin de atender templos así como la enseñanza de los sacramentos (Garibay, 1959).

Bajo este marco, referirnos a Mesoamérica y exclusivamente a los pueblos mayas de la Península de Yucatán, posibilita el entendimiento de las tradiciones, usos y costumbres conservadas en la actualidad como producto de la transmisión de antiguos conocimientos, dando razón al por qué de la práctica de algunos de los rituales del mundo maya en nuestros tiempos (Guerrero, 2015). Este contexto permite resaltar su sistema politeísta, sumándose al patrimonio cultural de este grupo étnico. Es oportuno manifestar que, respecto a lo anterior, la ritualidad es una de las múltiples particularidades de la persona que vive en Mesoamérica y para este caso, al interior de la cultura maya (Voss, 2016).

A partir de esta estructura subyace la diversidad de expresiones yucatecas que sostienen la identidad maya basada en sus símbolos, chamanismo o cualquier otro oficio producto de su desarrollo histórico. De manera muy general resulta preciso mencionar que parte de los conocimientos vinculados directamente a parte de su complejo simbólico recae en la fauna, ya que el ámbito zoológico permea en las prácticas tradicionales de este grupo humano al reflejar distintos significados de comprensiones que imputan la mala fortuna a otros más positivos, lo que da lugar a saberes centrados en la naturaleza (Guerrero, 2015). 

Sin embargo, los ritos tradicionales han sufrido cambios, un ejemplo es la modificación del h-men clásico reemplazado por el término de “médico tradicional”, originando nuevos chamanes. De modo que el lado espiritista continúa incorporándose a la vida yucateca y para el ejemplo anterior, el surgimiento de un turismo de tipo chamánico lo que refleja la fluidez de las cosmovisión como de los aspectos más importantes de la población (Boccara, 2017). 

Religión

La religión se encontraba presente en distintos aspectos de la vida maya, asociada en todo, ya sea para un bien o mal, e inclusive se basaba en la naturaleza. Sin embargo, al basarnos en Dioses nos señala Morley (1947), dentro de una clasificación:

Los dioses benévolos son aquellos quienes producen el trueno, el rayo y la lluvia, hacen fructificar el maíz y garantizan abundancia; mientras que los dioses malévolos, cuyos atributos son la muerte y la destrucción, causan las sequías, los huracanes y la guerra, que arruinan el maíz y traen en su seno el hambre y la miseria. (s/n)

De esta manera, aparte de conformar una propia civilización, los Mayas, basaban su religión en el politeísmo, el cual se basaba en la adoración de varios dioses y el objetivo principal, consistía en procurar la vida, salud y sustento. 

Los mayas estructuraron un total de 3 niveles: cielo – supra-mundo-, tierra e infierno – inframundo- (Torres, 1993). Consideraban también, la observación de cuerpos celestes: tales como los son el sol, la luna, las estrellas y el planeta venus (Martínez, 2000). La naturaleza constituía parte fundamental. En el período posclásico, hasta la llegada de los españoles, la civilización maya tenía su centro en las ciudades de Mayapán y Chichén Itzá, esta última fue sin duda la más grande del período (Foster, 2005) y de él generalmente ubicamos al dios Kukulkan. Pero también se encuentra el dios Chaac (Dios de la lluvia), Yum Kax (Dios del maíz) e Ixchel (Diosa de la fertilidad).

Sin lugar a dudas, las ceremonias y los sacrificios formaban parte importante y esencial para la veneración de los dioses; “el nivel de ofrenda en cualquier aspecto que se realizara, dependía de la urgencia del caso: ya sea para curar una pequeña enfermedad o molestia” (Morley, 1947), inclusive para tener una buena cosecha. Generalmente antes de iniciar alguno de estos, se consideraba fundamental comenzar con el ayuno y la  abstinencia, puesto que, si se daba el caso de quebrantarlos, se consideraba un pecado y en efecto, los sacrificios abarcaban desde ofrendas en cuanto a alimentos, ornamentos al igual que objetos valiosos, incluidos en él los sacrificios humanos: haciendo partícipes desde niños hasta personas adultas. Por consiguiente, “Desde el arribo de los españoles en el siglo XVI en la Península de Yucatán, se supo de la realización de los sacrificios humanos (…) Las primeras recuperaciones se realizaron en el cenote sagrado, a principios del siglo XX, por Edward Thompson” (Rojas, p.10) 

. Evidentemente, el lugar era importante y la población debía estar presente para que las veneraciones sean de total agrado para los dioses. Valdés (1990) nos menciona:

La elaboración de pirámides (…), los complejos de conmemoración astronómica y los templos y/o palacios abovedados, no solo vino a reforzar los conceptos religiosos que se tenían, sino también motivó el aparecimiento de una forma de culto cada vez más compleja para el tardío (pp.24-25).

Ahora bien, la danza fue fundamental para la realización de tales rituales debido a que en cada una de esas ceremonias participaban tanto hombres como mujeres: se ofrecía la música, cantos, entre otros; y cada una de estas ceremonias iban de acuerdo a su propio calendario.

Cosmovisión maya

Es curioso pensar como los mayas vinculaban sus pasiones, temores, los animales y todos y cada uno de los recursos ambientales que los rodeaban hacía divinidades y seres sagrados, es el caso del báalam como ser venerable protector de los pueblos, o el quetzal como símbolo de vida, belleza y abundancia en la vida. 

Mucha de la información del entendimiento que tienen los mayas sobre el universo y las cosas que los rodean no es posible encontrarla en libros, documentos, ni mucho menos en sitios de internet, es hablando con la gente desde el interior de las comunidades donde uno conoce realmente. En los ancianos donde la sabiduría y la cosmovisión maya es en esencia lo más puro posible, es tanto así como bien dice el refrán africano: “cuando un anciano muere, toda una biblioteca arde, toda una biblioteca desaparece”. Es desde el interior de una comunidad, con un profesor de donde escuché hablar por primera vez en mi vida sobre el “gran libro sagrado” de los mayas en Chichén Itzá, y sobre los enigmas que vienen escritos dentro de sus páginas. Los enigmas eran pequeños refranes que prevenían y advertían el futuro de la humanidad en pequeñas oraciones, dentro de ellas el mismo libro sagrado relataba incluso su propio destino “el libro sagrado se perderá, el conocimiento pasará a manos del hombre blanco”. Es en donde la gente de la comunidad cree que “hombre blanco” no hace referencia a los españoles, sino más bien a una persona que llegó con el supuesto objetivo de querer investigar más a profundidad los enigmas que contenía este libro y compartir el conocimiento descubierto por esta persona de regreso a la comunidad, pero este en lugar de hacer lo que prometía y aprovechando la nobleza e inocencia de los pobladores de Chichén, toma el libro prestado y abandona el país con el libro en posesión, no obstante, el libro sagrado dentro de sus mismas páginas también nos relata lo siguiente: “El libro regresará a ustedes, sea entre la guerra o la paz, pero regresará”.

Dentro de la cosmovisión maya, el agua tiene un significado más espiritual que el que poseemos ahora. El agua observa, toca y se marcha, se encuentra sobre y debajo de nosotros cumpliendo un ciclo de movimiento a través del aire y la tierra, otorga vida a todo lo que toca y con ello alimenta y siembra cultivos. Todo ser vivo sobre la tierra depende de su bondad, su ausencia no discrimina entre especies. Los mayas sabían perfectamente el valor que esta tenía para la vida y lo vital que era su cuidado no solo para el sobrevivir del día a día, sino para la conservación y desarrollo de ellos mismos como cultura a través de las generaciones posteriores, Es curioso pensar que los mayas no pensaban muy diferente a nosotros respecto al temor que se tiene sobre la “pérdida de la esencia” del agua y el probable eventual fin de su ciclo puro dentro del porvenir de las especies. 

Los mayas entendían el concepto del cosmos como una dualidad, esto se nos revela en representaciones de sus dioses sobre lo que son las estructuras arqueológicas y cerámicas nos revelan su existencia. Dentro de los códices maya se muestran diferentes dioses sagrados para la cultura maya, siendo algunos dioses benevolentes y generosos como lo es Chaac, dios del agua, y de la lluvia, pero también del trueno, o destructivos y despiadados como hunrakan, dios del fuego y las tormentas, pero también del viento. Dentro de los códices podemos observar a la deidad Chaac portando una antorcha en símbolo de lo que su ausencia puede causar al estar este ausente y provocar terribles y largas sequías. El agua puede traernos prosperidad y salud, pero también puede traernos pestilencia, enfermedad y muerte a causa de su contaminación y explotación, provocando la paulatina destrucción de grandes imperios por dichas causas mencionadas. En su reflejo al observar este recurso uno puede verse y observarse así mismo, ¿no el agua refleja el ser de quien lo observa? ¿No es esto un simbolismo de la dualidad del agua y del mismo universo de lo que trataban de expresar los mayas a través de sus registros y deidades? Somos lo que vemos a través el agua.

El tiempo, un movimiento cíclico

Dentro del contexto occidental, el tiempo se comprende como una magnitud física, que se expresa como un proceso de acontecimientos lineal estructurado en tres fases, un pasado para los eventos que han ocurrido, un presente para los sucesos que se desarrollan en la actualidad, y un futuro para los sucesos que aún están por acontecer. En nuestra vida cotidiana, interpretamos el tiempo de una manera indirecta al observar el movimiento de los astros como el sol y las estrellas en el movimiento de rotación y traslación del planeta, y también dentro del movimiento de las manecillas del reloj o la caída de la arena en los relojes de arena, entre muchos otros factores con los cuales el hombre deduce el transcurso del tiempo. Existen dos maneras de interpretar el transcurso del tiempo según Farris (1987: 572) La cíclica y la lineal. En la forma lineal que han adoptado las culturas y religiones occidentales, los sucesos y acontecimiento en el tiempo solo ocurren una sola vez, es decir, una vez que suceden, estos no vuelven a presentarse; se le llama más comúnmente a esta forma de concebir el tiempo como “cronológico” y es representado mediante una flecha o línea del tiempo; en cambio en la forma cíclica, los acontecimientos y los sucesos se encuentran en una eterna y constante repetición, el orden del tiempo es incorruptible e inmutable, la historia se repite y lo que se crea que haya acontecido, volverá a acontecer nuevamente.

Es evidente darse cuenta que aquellas sociedades que han adoptado la forma de lineal de percibir el tiempo, son aquellas que se encuentran vinculadas a un tipo de pensamiento cultural monoteísta, en donde existe un solo y único ser todopoderoso y divino que trasciende todo lo que es el mundo terrenal y mundano, en las culturas monoteístas, los futuros sucesos están predichos profunda e intrínsecamente arraigados a la fe.

Dentro del punto de vista cíclico del tiempo, las sociedades ligaban los acontecimientos con el mismo medio ambiente que los rodeaba; el viento, los árboles, el cielo, el agua, la tierra, todo lo que los envuelve se encuentra íntimamente ligado. No existe causa externa de un suceso fuera del ciclo de elementos que la misma madre naturaleza otorga, es por ello que el mundo como tal en el que vivimos es para estas sociedades un reflejo auténtico de lo que es divino. Esto nos viene a explicar el porqué eran considerados politeístas, ya que relacionaban señores y seres divinos a cada fenómeno natural, cultural y social que se hallara en el planeta y el universo. Cabe recalcar que esta cultura politeísta de los mayas fue también un modo de percibir el universo no solo por ellos, si no por todas y cada una de las demás culturas mesoamericanas que se desarrollaron durante la época precristiana.

Dentro del modo de entender el transcurso del tiempo de los mayas prehispánicos se expresa la gran importancia que tuvo este elemento para su cultura en el modo en que la palabra k’in no solo significaba “sol” para ellos, si no que también significa tiempo, periodo, fecha, día o era. A través del movimiento de este astro, las civilizaciones mayas constituían y representaban lo que para ellos era el tiempo, el tiempo cíclico de las cosas.

Cristianismo y cosmología maya, fusiones dos grandes visiones del mundo

Durante la colonización, hubo mucha pena por parte de los mayas y miedo a perder todo el conocimiento adquirido generación tras generación a través de los grandes sabios “No hay Gran Conocimiento. Muy perdidos están para ellos el cielo y la tierra. Muy perdida está la vergüenza. Serán ahorcados los soberanos y los reyes de esta tierra, los príncipes de sus pueblos y los sacerdotes de los mayas. Perdido estará entonces el entendimiento y la sabiduría” (Chilam Balam, p. 102).

Al tiempo colonial, comenzaron a surgir nuevos registros dentro de los cuales se podía observar representaciones de los dioses prehispánicos ya conocidos, pero con una evidente influencia de la religión católica. Se comenzaba a tener evidencia de una fusión de ideología entre este choque de culturas. Dentro del artículo relaciones histórico-geográficas de la gobernación de Yucatán se exponen escritos de finales del siglo XlV donde los mayas ruegan al dios Itzam Na (señor del cielo claro y nocturno) de una manera peculiar: “Señor grande del cielo y que estás puesto en las nubes y el cielo, danos un buen año de maíz(Mercedez de la Garza; Ana Luisa Izquierdo; María del Carmen; Ma del Carmen León Cázares y Tolita Figueroa 1983).  El relato posee características similares a lo que se encuentra relatado en el “padre nuestro” en la religión cristiana.

El maíz en la cosmología maya

Si hablamos del maíz, este fue de una importancia vital para la cultura y cosmovisión maya, fue pieza central dentro de la dieta de los mayas; pero no solo tuvo una gran importancia dentro de su alimentación, sino que también dentro de su misma divinidad. Su habilidad de manejo y cultivo adquirida hace miles de años ha sido un factor clave de desarrollo de las sociedades mesoamericanas, incluida la sociedad maya. Se dice que a partir del maíz se creó a la humanidad, pero que antes de ella existieron los venados y las aves, que estos al no saber cómo venerar a los dioses, ambos fueron sentenciados a obedecer y ser cazados por los humanos, nos dice el libro sagrado de los mayas: “Tú venado, dormirás en la vega de los ríos y en los barrancos. Aquí estarás entre la maleza, entre las hierbas; en el bosque os multiplicaréis, en cuatro pies andaréis y os sostendréis”. Enseguida de repartir lo que serían las moradas para los vendados, llegaba el turno también de repartición de moradas para las aves tanto pequeñas, como mayores: “Vosotros, pájaros, habitaréis sobre los árboles y los bejucos; allí haréis vuestros nidos, allí os multiplicaréis, allí os sacudiréis en las ramas de los árboles y de los bejucos”.  Es entonces cuando los dioses, al haberlos creado y otorgado sus hogares, se dieron cuenta que estos seres eran incapaces de poder venerarlos, y en su reemplazo, los dioses deciden crear al ser humano a raíz del maíz: “Haremos a otros (haciendo referencia al ser humano) … Vosotros, obedeced vuestro destino, vuestras carnes serán trituradas. Así será. Esta será vuestra suerte”. (Popol Vuh, 1984).

 

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