La Ciencia Política en México: un balance de su institucionalización en el Siglo XXI

La historia de la ciencia política en México inicia formalmente en 1951 cuando se funda la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), subsecuentemente en los siguientes lustros se difuminó la disciplina de manera lenta en otras universidades estatales y privadas. En sus inicios se podían vislumbrar dentro de la ciencia política mexicana ciertas tendencias teóricas hegemónicas como el institucionalismo clásico orientadas por las visiones jurídicas sobre la política, luego la colonizaron las perspectivas sociológicas en especial el marxismo y el funcionalismo; pero los cambios que trajo consigo el proceso de democratización de los años ochenta del siglo XX la orientaron a tratar de comprender la democracia y sus actores en un contexto post-autoritario permitiéndole lograr mayor autonomía y afirmarse como tal.

Los temas que han dominado la agenda politológica en México son en gran medida los relacionados con los asuntos electorales y el sistema de partidos. Ello se explica por el tipo de transición a la democracia a través de sucesivas reformas electorales a nivel constitucional que fueron permitiendo disminuir por esta vía el poder del otrora partido hegemónico, el PRI. Allí se enmarcan los intentos por comprender el lento proceso de democratización y escudriñar los eventos desde los años setenta del siglo XX, hasta las ultimas reformas de 2013. Si en el contexto del autoritarismo destacaba una ciencia política que trataba de explicar el sistema político mexicano estudiando la “ideología de la revolución”, el corporativismo, el presidencialismo, entre otros temas, y con una preferencia a “narrar” los procesos como forma de explicación; en el contexto de la democratización, la ciencia política se encontró con una situación pluritemática en la cual los partidos políticos, como actores centrales de la democracia, requerían ser analizados desde su interior, sus élites, la selección de sus candidatos y sus estrategias de competencia.

Naturalmente las reformas al sistema electoral y de partidos permitió que la agenda política se ampliara. Las nuevas reformas impactaron el sistema político mexicano y por tanto la ciencia política mexicana miró hacia espacios y actores que en décadas pasadas eran residuales en el estudio de la política. Un ejemplo de ello es la introducción de los análisis sobre el poder judicial (judicial politics), el cual había estado hegemonizado por el derecho. Pero el (nuevo) rol que han asumido los jueces y las cortes en la determinación del equilibrio de poder, el déficit del estado de derecho, la ineficiencia de los ministerios públicos, y sobre todo la judicialización de la política han abierto la necesidad de desarrollar análisis en los cuales se observe la dimensión política del actuar de las instituciones de justicia, como factores que impactan la legitimidad del sistema político. Igualmente el área que ha requerido mayor atención es el poder legislativo, más allá de su integración. Derivado de las transformaciones en el sistema político, algunos de los temas que han sido -relativamente- abandonados son el estudio del sindicalismo y el corporativismo, pues éstos ya no son piezas centrales como sucedió en décadas pasadas, e igualmente el estudio de las élites y el liderazgo político, que sigue concentrándose en pocos estudiosos pero que requiere mayor énfasis sobre todo en relación al análisis de la circulación de las élites en el contexto de la alternancia política tanto a nivel nacional como local.

 

La formación de politólogos en México  

Mientras en 1970 solo existían cuatro universidades en las cuales se ofrecía la formación en ciencias políticas, para el 2013, según el Anuario de la ANUIES, en 84 universidades se ofrecen carreras con el rótulo “ciencias políticas”. El grueso de la matrícula se concentra por lo general en universidades e instituciones públicas. Es una carrera que poco a poco va ganando presencia nacional, pues en universidades públicas está presente en 24 estados, mientras que en universidades privadas en 17 estados.

Fuente: Elaboración propia con datos del “Anuario estadístico 2013”, Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, 2015 <http://www.anuies.mx/content.php?varSectionID=166> [consultado en enero 2015]

 

La carrera de “ciencia política” –al singular- existe en muy pocas universidades: en las universidades públicas de Guanajuato y Nayarit, y en las universidades privadas ITAM, en la Universidad de las Américas y en el ITESM en diversos campus, que suman en conjunto una matrícula de 367 alumnos en 2013. Sólo en algunas universidades públicas como la UAM-I y la BUAP, y en algunas privadas como la UPAEP y la Vasconcelos de Oaxaca –por mencionar-, ofrecen la carrera de “ciencias políticas” sin otro apéndice en su denominación.

El Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO) con información del 2013, señala que en México 86,942 personas han estudiado ciencias políticas a nivel de licenciatura, de los cuales el 32% son hombres y el 68% mujeres el 58% tiene más de 30 años y el resto es menor. Quienes han estudiado ciencias políticas son el 0.9% del total de personas que cuentan con una licenciatura en México, y apenas ocupa el lugar 32 entre el número de carreras con mayor cantidad de personas, muy alejada de contabilidad, administración y derecho, que ocupan los tres primeros lugares de la lista.

Si bien los egresados de esta carrera tienen, relativamente, un alto nivel de ocupación con el 86.7% de empleo del total, este porcentaje está debajo de la media de las licenciaturas que es del 95%, por lo que la carrera de ciencias políticas es una de las que tiene mayor tasa de desempleo y no se encuentra entre las mejor pagadas, ocupando el lugar 35 de 62 carreras analizadas, situación que cambia si se tiene un posgrado. Los principales sectores en los cuales se desempeñan quienes estudian ciencias políticas son las actividades gubernamentales y en organismos internacionales.

Las actividades gubernamentales incluyen aquellas desde burócratas y hasta puestos de nivel directivo. Pero si tomamos en cuenta que el 91% es subordinado, ello significa que solo muy pocos politólogos se involucran en las grandes decisiones políticas dentro de la estructura de gobierno. Según el internacionalista mexicano José Luis Orozco (2012), la apertura del sistema político mexicano no trajo consigo un mercado de trabajo para los politólogos mexicanos, pues los políticos mexicanos, desde aquellos que obtienen un puesto en la administración pública municipal hasta los diputados y senadores, por lo general prefieren contratar a sus “amigos” antes que a un especialista que los asesore en sus actividades. Es significativo que varios politólogos se involucren en la política, aunque siguen siendo muy pocos, según el Sistema de Información Legislativa (http://sil.gobernacion.gob.mx/) en el periodo 2012-2015 en Cámara de Diputados, once miembros estudiaron ciencias políticas, mientras que en la de Senadores, se contabilizan solo siete en el mismo periodo.

En México existen diversos posgrados en Ciencias Sociales y/o Estudios Sociales, pero pocos en Ciencias Políticas o Ciencia Política. La mayoría se enfocan a la administración pública y/o a las políticas públicas, incorporando en su currícula materias de ciencia política. En cuanto a los doctorados, pocos mencionan la especialidad, y la especialización en ciencia política deriva más del proyecto de investigación que de la orientación del programa en sí.

 

La investigación politológica

Gran parte de la vitalidad de la ciencia política se observa en quienes la cultivan e investigan, y en la calidad de su producción científica. México cuenta con el Sistema Nacional de Investigadores (SNI). A enero de 2015 se encontraban registrados 550 investigadores en el Área de Ciencias Políticas de los cuales la mayoría son hombres y apenas el 30% son mujeres (Gráfica 2). Las subdisciplinas y las especialidades son variadas, van desde  el comportamiento político, los conflicto sociales, las elecciones, la cooperación internacional, pasando por el estudio de los partidos, las relaciones entre los poderes, las políticas de educación hasta el liderazgo político.

 

Fuente: Elaboración propia con datos de “Investigadores Vigentes Sistema Nacional de Investigadores”, CONACYT <http://www.conacyt.gob.mx/images/SNI/DIRECTORIO_SNI_2015.xlsx> [consultado en febrero de 2015]

 

La mayoría de quienes investigan en torno a las ciencias políticas están en la Ciudad de México. Si bien la carrera se ha difundido en muchas universidades del resto del país, la investigación es todavía una actividad poco comprendida en toda su amplitud en las universidades estatales. Esto es lo que explica la existencia de “archipiélagos” –endogamia y auto-referencial- y los “enclaves” –ajenos a la realidad nacional y con poco o nulo impacto de la investigación- en la ciencia política mexicana (Aguilar, 2009), que por fortuna y a juicio de este autor está cambiando, quizá lentamente pero el proceso está en marcha.

 

Fuente: Elaboración propia con datos de “Investigadores Vigentes Sistema Nacional de Investigadores”, CONACYT <http://www.conacyt.gob.mx/images/SNI/DIRECTORIO_SNI_2015.xlsx> [consultado en febrero de 2015]

Las revistas científicas son un indicador importante de la producción de los investigadores y estudiosos de una disciplina, pero no son el único vehículo ni el de mayor impacto, lo que si es cierto, es que dado que hoy por hoy se facilita su acceso a través de la internet, se cuenta con mayor y mejor información respecto a su difusión. Según el sistema Redalyc.org, en México se publican alrededor de 31 revistas dedicadas a las ciencias políticas (en plural) entre las que se encuentran aquellas más enfocadas propiamente a la ciencia política (al singular) hasta las que amplían su rango en la administración pública, las relaciones internacionales, la sociología política, los estudios regionales, las migraciones, entre otras temáticas.

 

Las asociaciones de politólogos 

Hace apenas cinco años años no existía ninguna asociación de politólogos en México, la desorganización que padeció la ciencia política mexicana se debía en gran parte a que las asociaciones servían más para ponderar personajes afines al partido hegemónico (PRI) que para representar a los estudiosos y practicantes de la disciplina. Por ello la mayoría de los politólogos se organizaron en torno a sub-disciplinas, como los estudios electorales, las relaciones internacionales, la administración pública o las ciencias de la comunicación, y en gran parte se sintieron obligados a  monotematizarse, al menos en apariencia. La situación cambió en el tercer lustro cuando se crean dos organizaciones con objetivos similares, la AMECIP y el COMICIP, que agrupan a politólogos de diversas universidades. En 2015 podemos decir que las asociaciones que agrupan a los politólogos en sus diversas adscripciones disciplinares, funcionan bien y con regularidad, promueven encuentros y publicaciones con relativo éxito.

 

Conclusiones

La ciencia política en México se ha institucionalizado, y sigue creciendo no sin dilemas como cualquier otra ciencia que se desarrolla en otras latitudes. Se desarrolla en gran medida en instituciones públicas. Es sobre todo en las universidades dónde los académicos dedicados al estudio de la política por lo regular deben concentrar gran parte de su tiempo en la docencia y menos a la investigación y la difusión. A diferencia de los centros de investigación, en las universidades –públicas, principalmente- los cultores de la disciplina deben diversificar sus tareas más allá de la investigación científica, incluso, debe decirse que en muchas universidades estatales, dónde la carrera es todavía nueva, el desarrollo de la investigación no está socialmente valorado. De allí que en algunos estudios al sesgar en la investigación y las publicaciones el desarrollo de la ciencia política mexicana, el panorama de la politología mexicana aparezca centrado en apenas unas cuantas instituciones. No es del todo equivocado, pero también es cierto que el panorama es más amplio y complejo.

A pesar del avance de la ciencia política en México, paradójicamente se le acusa que se ha alejado de la filosofía y la teoría políticas, admitiendo acríticamente una tesis controversial lanzada por Giovanni Sartori (2004) como si este alejamiento fuera un divorcio o separación irreconciliable. La ciencia es un lenguaje que se diferencia de la filosofía: requiere método y técnicas de comprobación empírica que confirmen o refuten sus generalizaciones. La ciencia no es deducción y sobre todo no es especulación. Y ello deben considerarlo sobre todo los jóvenes que apenas se sumergen en el estudio de la ciencia política, una disciplina propia de nuestra época, vibrante y con futuro. 


Nota: éste artículo resume algunos de los argumentos desarrollados por el autor en: Fernando Barrientos del Monte, "Crecimiento e institucionalización de la Ciencia Política en México", Revista Ciencia Política, Vol.35 - Nº1, 2015, pp. 95-120

 

Bibliografía citada:

Aguilar Rivera, José Antonio. 2009. “El enclave y el incendio”, Nexos, <http://www.nexos.com.mx/?p=12852> [consultado el 03/03/2015]

Orozco, José Luis. 2012. “Ciencias Políticas en México, profesión marcada por `amiguismos'”, entrevista. Vanguardia. 24/10/2012,<http://www.vanguardia.com.mx/cienciaspoliticasenmexicoprofesionmarcadapo...

Sartori, Giovanni. 2004. “Where is Political Science Going?”. Political Science and Politics I (04): 785-787. 

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