El velorio en que andamos: notas sobre Juan Gelman

October 20, 2016

El 14 de enero murió en México Juan Gelman, país en el que vivía hacía más de dos décadas. Para algunos, quizás, el nombre no indique mucho. Para otros quizás represente diferentes aspectos del mundo. Lo cierto es que el 14 de enero la poesía en lengua hispana perdió a uno de sus más grandes referentes.

Autor de más de 25 libros de poesía y de numerosas notas periodísticas, Juan Gelman nació en Buenos Aires, Argentina, en 1930 en el seno de una familia de inmigrantes judíos. Estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires, uno de los de mayor prestigio e historia del país, y si bien comenzó a estudiar Química en la Universidad de Buenos Aires pronto dejó para dedicarse de lleno a la poesía y al periodismo.

Su primer libro, Violín y otras cuestiones (1956), prologado por el poeta Raúl González Tuñón, conjuga una poesía de carácter coloquial y social con algunos juegos de desdoblamientos de identidad complejos que no eluden elementos autobiográficos y que problematizan la siempre reductiva noción de que la poesía social no puede presentar dichas complejidades. Vale aclarar que el libro se publicó en el seno y con el apoyo de un grupo de poetas jóvenes llamado “El pan duro”, entre los que vale destacar a la poeta argentina Juana Bignozzi. Un ejemplo de esta primera etapa lo vemos en el poema que abre el libro, ¨Epitafio¨:

Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!

(Aquí yace un pájaro. Una flor. Un violín.)

Los dos poemarios siguientes, El juego en que andamos (1958) y Velorio del solo (1961), continúan esta veta coloquial, y alternan poemas sobre la ternura, los niños y los pájaros (presencias recurrentes en toda su producción y que ya eran centrales en Violín) con denuncias, nunca sencillas o estereotipadas, sobre las injusticias sociales además de con varios poemas de amor como “Presencia del otoño” y muchos sobre la poesía o el rol del poeta. Dicha primera etapa, por darle algún nombre, culmina con el que sea quizás uno de sus libros más famosos, Gotán (1962), que, como su nombre lo indica, significa tango al revés y que une referencias a algunos de los exponentes más importantes de dicho género musical rioplatense con referencias explícitas a la revolución cubana y a sus protagonistas. Dos ejemplos podrían ser ¨Anclao en París¨ y “Mi Buenos Aires querido” y “Habanas-Baires” o “Cuba sí”, respectivamente:

Cuba sí

Es duro y seco el suelo aquí
como regado con derrotas, lloros oscuros,
cada noche te abrazo besándote los párpados,
no más que mi ternura tengo para ofrecerte,
es tierno lo que nace es tierna Cuba
es decir que te ofrezco todos mis nacimientos,
lo que me das, lo que aprendí de mí queriéndote,
la sed que das, exactamente.

Luego de Gotán, Gelman publica Cólera buey (1965 aunque ampliado en 1971), un libro extraño en el que se pueden encontrar poemas en constante diálogo con la producción anterior y en la que ya aparecen en germen ideas que serán desarrolladas más adelante. Por ejemplo, el poema titulado “Gotán” comienza “Yo no escribí ese libro” en referencia al poemario anterior mientas que otro, “Sí”, incluye el título, en el segundo y en el cuarto verso, de los que serían, muchos años después, dos libros distintos:

Celebrando su máquina
el emperrado corazón amora
como si no le dieran de través
de atrás alante en su porfía

Como se puede apreciar, Cólera Buey retoma algunos claves de la poesía de Gelman, como la violencia a la que se somete al sujeto (que no por eso renunciará a la ternura) y la violencia del lenguaje y sobre el lenguaje, cada vez más significativa como modus operandi y como forma de repensar la identidad del propio hablante poético y de los demás. Encontramos sustantivos que se vuelven verbos, adjetivos que se convierten en sustantivos, una sintaxis compleja y fragmentada y que evoca a uno de los poetas que Gelman contaba entre su predilectos, César Vallejo. Así se aprecia en el comienzo del poema “Héroes” por citar solo uno de este peculiar libro:

Los soles solan y los mares maran
los farmacéuticos especifican
dictan bellas recetas para el pasmo
se desayunan en su gran centímetro

a mí me toca gelmanear

Sin embargo, y a la par de este transitar por entre los quiebres de la lengua, Gelman ensaya diversas variantes que hacen de su obra una de las más interesantes de los últimos tiempos. Una de estas variantes aparece también en Cólera Buey. Se trata de las secciones denominadas “Traducciones I. Los poemas de John Wendell”, “Los poemas de Dom Pero” y “Traducciones II. Los poemas de Yamanokuchi Ando” que podríamos denominar pseudo-traducciones y que completan lo iniciado en 1969 con Traducciones III. Los poemas de Sidney West. En estos casos, Gelman dice estar oficiando de traductor o compilador de estos diversos poetas (un inglés, un español, un japonés y un estadounidense, respectivamente) cuando en realidad se trata de heterónimos o, para seguir a Jorge Boccanera, sinónimos, de su propio yo poético a los que se sumarán en poemarios posteriores, José Galván y Julio Grecco, poetas desaparecidos durante la última dictadura militar (1976-1983). En estos poemas, pienso principalmente en Sidney West, Gelman remite a otras obras de la literatura (en el caso de esta obra en particular a la Spoon River Anthology de Lee Masters) que, no obstante, no anulan la presencia de algunos de los elementos recurrentes de su poesía, como los pájaros o los árboles o los cuestionamientos sobre los límites del lenguaje, sino que más bien potencian dichas obsesiones. Asimismo se juega con el extrañamiento de la propia lengua al hacerla pasar como el producto y el proceso (puesto que de eso se trata) de la “traducción” de otra, lo que le permite, aun sin recurrir a las barras tan características de los poemarios del exilio, un ritmo diferente marcado por cortes sintácticos que oscilan, adrede, entre el “error” del traductor y la imposibilidad de decir aquello que se quiere decir mediante el uso “convencional de lenguaje”. Este “extrañamiento” aparecerá luego en la distancia propia del exilio, en el dolor por los desaparecidos y en la reescritura de los místicos españoles.

A la serie de las traducciones les seguirán Fábulas (1971) y Relaciones (1973), el último poemario antes del exilio. Como es sabido, Gelman se unió a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), una organización guerrillera que combatió a la autoproclomada Revolución Argentina (1966-1973), en el poder producto de un golpe militar. Tras la fusión de las FAR con Montoneros en 1973, Gelman viaja a Roma en 1975 para realizar tareas periodísticas de denuncia contra los abusos perpetuados por el gobierno constitucional de Isabel Perón (1974-1976) y por el organismo parapolicial conocido como la triple AAA (Alianza Anticomunista Argentina). Es durante su estadía en Europa, en 1976, cuando se produce el golpe militar que iniciará la última dictadura militar. Si bien Gelman volvió al país de manera clandestina por un breve lapso de tiempo, Relaciones es el último poemario antes de una etapa de exilio prolongado que lo alejará de Argentina en donde serán secuestrados sus dos hijos, Marcelo Ariel de veinte y Nora Eva de diecinueve, y su nuera María Claudia García Irureta Goyena, de diecinueve y embarazada de siete meses. Ni Marcelo ni María Claudia volverán a aparecer con vida aunque Gelman logrará localizar los restos de su hijo en 1989 y, tras arduas negociaciones, en 2000 a su nieta Andrea quien se cambiará el nombre a María Macarena Gelman García.

Relaciones, si bien previo al exilio, presenta varios poemas en los que las preguntas, tan utilizadas en los poemarios posteriores, así como las reflexiones en torno a la violencia política y a la Revolución, se unen a la experimentación con el lenguaje, como queda patente en poemas como, justamente, “Preguntas”, en el que encontramos los famosos versos, “¿y si Dios moviera sus pechos dulcemente? dijo/ ¿y si Dios fuera una mujer?”) o “Rojos” donde mediante una evocación del asesinato de Federico García Lorca, el yo poético reflexiona sobre la situación social y política en el norte de Argentina.

Durante siete años Gelman no publica nada. Sin embargo a partir de 1980 se sucederán una serie de poemarios (muchos de ellos publicados ya en democracia) en los que sin dejar nunca de (re)forzar y de (re)escribir la lengua y sus posibilidades de expresión frente a situaciones de muchísimo dolor personal y colectivo, Gelman rendirá tributo a algunos de los amigos muertos durante la última dictadura militar, a las madres de Plaza de Mayo y donde el hijo, la nuera, la nieta, la madre y el Dios y el misterio de la tradición mística de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, asociado muchas veces al país o a la patria, se convertirán en algunos los ejes centrales de un yo lírico que no por la desazón deja de apelar a los diminutivos y a la ternura como un modo de entender la derrota de ciertas ilusiones políticas y la desaparición  y tortura de familiares y de miles de personas. Algunos de dichos poemarios son Hechos y relaciones (1980); Si dulcemente (1980);  Citas y Comentarios (1982), donde trabaja glosando y reescribiendo a los poetas místicos; La junta luz: oratorio a las madres de Plaza de Mayo (1985), libro en el que los versos componen una especie de obra teatral u ópera, con acotaciones teatrales y testimonios de personas que fueron torturadas durante la última dictadura; Com/posiciones (1986); Carta a mi madre (1989); y el estremecedor Carta abierta (1980) en el que el dolor y el hijo desparecido (en otras palabras, el dolor por el hijo desparecido) se erigen en los interlocutores principales del yo lírico, como queda patente en el poema VII:

deshijándote mucho/deshijándome/
o sea buscándote por tu suavera/
paso mi padre solo de vos/pasa
la voz secreta que tejés/paciente/

como desalmadura de mi estar/
¿niñito que pasás volando por
los trabajos grandísimos de vos? /
¿atando? /desatando? /¿atando para

que no me quepa en vos? /¿me fuese afuera
de este dolor? /¿adónde? /qué país
sangrás/para que sangre carnemente? /
¿por dónde andás/trístisimo de tibio?

Ya en los noventa, el impulso creador no se detendrá ni tampoco la lucha por la memoria de los desaparecidos. Prueba de ello son, por un lado y para citar algunos ejemplos, las duras críticas de Gelman al indulto que el gobierno del presidente Carlos Menem otorgó a militares de la última dictadura y a miembros de grupos guerrilleros, incluido el propio Gelman, al considerarlo inaceptable en tanto que colocaba en un mismo plano a ambos bandos; y, por otro, el poema “El animal” de Salarios del impío (1993):

Cohabito con un oscuro animal.
Lo que hago de día, de noche me lo come.
Lo que hago de noche, de día me lo come.
Lo único que no me come es la memoria. Se
encarniza en palpar hasta el más chico de mis
errores y mis miedos.
No lo dejo dormir.
Soy su oscuro animal.

En esta década también publica Dibaxu (1995) poemario en el que escribe poemas en sefardí y su correspondiente traducción para entre otras cosas y como ya ha señalado Eduardo Chirinos, remitirnos a una lengua que evoque la del Cantar del Mío Cid, esto es, un español en estado germinal. Y en 1997 Incompletamente donde el tema de la memoria vuelve a ser central.

A partir del siglo XXI, según explica María Ángeles Pérez López en su introducción a Oficio ardiente, antología compilada por el propio Gelman y por ella, en ocasión de la obtención por parte del poeta argentino del premio Reina Sofía (2005), el tiempo se convierte en una de las principales obsesiones como lo manifiestan títulos como País que fue será (2004), Mundar (2007) o el último poemario publicado en vida Hoy (2013), presentado en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires por el propio Gelman. También hay otros que, como ya dijimos, retrotraen al lector a versos y poemarios anteriores como De atrásalante en su porfía (2009) o El emperrado corazón amora (2011), gesto que insinúa un movimiento en el que convergen diversas etapas, diferentes unas de otras, pero que a la par que acentúan sus diferencias, mantienen, sin embargo, una coherencia entre sí, conectándose unas con otras aun cuando el tema central ya no sea el coloquialismo, las esperanzas inauguradas en su momento por la Revolución Cubana o las pseudotraducciones, como en los primeros poemarios, ni tampoco el dolor ante la violencia de las desapariciones y la tortura de familiares o de amigos como Paco Urondo o Rodolfo Walsh, ni la reesctritura de o los comentarios a Santa Teresa o San Juan de la Cruz, como en la etapa del exilio.

El 2000 es también la década de los reconocimientos y del reencuentro con su nieta, Macarena. Al Reina Sofía ya mencionado, debemos agregarle el Juan Rulfo en 2000 y el premio Cervantes en 2007, este último considerado por muchos como el de mayor prestigio después del Nobel, entre muchos otros.

Es importante destacar que a la par de la poesía, Gelman siguió publicando notas de temas políticos y sociales en diversos medios, otorgándole al oficio de periodista, que lo había llevado en los sesenta y setenta a trabajar en periódicos y revistas como La Opinión, Crisis y Noticias y en Página/12 desde la fundación del diario en 1987 hasta su muerte, un lugar preponderante en su vida.

Es vastísimo lo que se puede decir de una trayectoria tan amplia y de una poesía tan híbrida y al mismo tiempo tan sincrética, de una poesía tan original en su repetición o, para repetirlo de otro modo, de una poesía que es original en tanto repetición heterogénea. Una poiesis, a final de cuentas, tan obsesionada con ciertos temas y tan empeñada en su afán por presentarlos siempre de maneras diversas sin por eso perder ni por un segundo esa cualidad que nos permite gelmanear con y desde ella, reconocerla y decir, como se dice de muchas obras maestras del arte en general y de la literatura en particular, “mira che un gelman” (así sin mayúsculas como creo que le hubiese gusta más a Juan). Es vastísimo y es también difícil, como difícil es descubrir y aceptar que poeta es propiamente aquel que logra estimular, aún sin proponérselo, dicho reconocimiento. Hay y habrá otras definiciones. Probablemente todas (o casi todas) mejores y más precisas. Ninguna, sin embargo, más honesta.

Comencé esta nota con el primer poema del primer libro, Violín y otras cuestiones de 1956. Quisiera cerrarla con el último del último, el poemario Hoy de 2013:

¿Y si la poesía fuera un olvido del perro que te mordió
la sangre/ una delicia falsa/ una fuga en mí mayor/
un invento de lo que nunca se podrá decir? ¿Y si
fuera la negación de la calle/ la bosta de un caballo/ el
suicidio de los ojos agudos? ¿Y si fuera lo que es en
cualquier parte y nunca avisa? ¿Y si fuera?

About Author(s)

Sebastian Urli
PhD student in the Hispanic Languages and Literature Department. Areas of interest: Southern Cone Literature (Argentina and Uruguay, mainly), Latin American Poetry, Theory of Poetry, Autobiography and Autofiguration, Borges.

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