Si los Muertos y los Desaparecidos Votaran

October 10, 2016

Todo seguidor de Los Simpsons sabe que Bob Patiño ha intentado asesinar a Bart en numerosas ocasiones. De hecho, en el capítulo 108 de la quinta temporada, Bob sale de prisión y gana la elección a la alcaldía de Springfield venciendo al corrupto y vividor Alcalde Diamante. Ya acomodado en el puesto empieza a hacerle la vida imposible a Bart. Preocupada del peligro que representa el Alcalde Bob para su hermano, Lisa empieza a investigar de dónde vinieron sus votos y se da cuenta que varios muertos, incluidas sus mascotas, votaron por el carismático actor secundario. En la serie animada, en un acto de justicia, Bob es devuelto a prisión por fraude electoral. En México, grandes y pequeños Bobs operan impunes a lo largo del espectro político, dentro y fuera de partidos, pero sobre todo desde puestos públicos para garantizar el triunfo de sus candidatos cueste lo que cueste. Incluso a punta de secuestros o asesinatos. La mapachería electoral mexicana tiene dimensiones insondables y si un funcionario del Instituto Nacional Electoral (INE) acaba de ser detenido por expedir credenciales a menores de edad, no sería raro que en elecciones pasadas, con menos controles y fiscalización, hubieran votado muertos de varias épocas.

Después de sufrir las estridentes, fulleras y violentas campañas electorales nada indica que la elección del 7 de junio de 2015 vaya a ser un ejercicio democrático, honesto y transparente. Una razón de lo anterior, aunque parezca paradójico, es que casi ningún partido político o candidato a puesto de elección popular considera en su plataforma a los asesinados y desaparecidos que ha dejado la guerra. Pareciera que es más redituable en términos electorales prometer inglés y computación, Internet gratis o meter a los corruptos a la cárcel, que prometer trabajar por las centenas de miles de víctimas que siguen esperando justicia y verdad, o por las que viven en estado de sitio en comunidades como Chilapa sufriendo los embates de diferentes violencias estatales o privadas.

Es desolador ver las sonrisa de los candidatos en los mítines, escuchar sus pegajosas melodías que adaptaron sin permiso de algún hit de los 40 principales, abrir el correo y ver como se desbordan sus folletos y dípticos con frases vacuas como: “¿A poco no?”, “ Si cambias tú cambias México”, “Sí cumple” o “Tu voz es mi voz”.  Es como si vivieran en una dimensión alternativa y desconocida. Como si habitaran un país ficticio donde el llanto de las madres de los desaparecidos no se escucha, donde las balas no penetran y revientan la carne, donde una carretera no vale más que un ecosistema, donde el agua no está envenenada por minas de oro, donde las guarderías no arden con niños adentro. Como yo no vivo en ese país, no pienso votar por ninguno de esos patéticos emisarios.

Aún así, no quiero ser injusto y poner a todos los candidatos en un solo cesto de la ignominia. Dentro de la podrida partidocletpocracia hay candidatos que parecen honestos y comprometidos hasta que demuestren lo contrario. Aún así, me sigue intrigando que compitan bajo las manchadas siglas de los diferentes partidos y entren en la corrupta dinámica electorera. Algunos candidatos independientes han aprovechado las grietas de una fallida reforma política para ilusionar a varios desencantados. No voy a mentir si afirmo que me encantaría vivir en el distrito 10 de Zapopan sólo para votar por Pedro Kumamoto para diputado local. Sólo considerando estos casos de personas honestas, sensibles y capaces dentro de un sistema podrido es que puedo coincidir con Rossana Reguillo en su llamado para hacer un voto estratégico y diferenciado donde haya opciones.

Donde no haya candidatos honestos y aterrizados en esta terrible realidad considero que votar el voto estratégico sirve de poco y anular y abstenerse son opciones válidas a nivel personal. En este sentido, los debates entre anulistas vs. no anulistas vs. abstencionistas que se han suscitado en las últimas semanas resultan sumamente interesantes pero desgraciadamente han degenerado en pugnas por ver quien tiene el ego académico más grande. Este tipo de diálogos –con la inclusión de muchas otras voces– deben trasladarse a las universidades, a las plazas y a los centros comunitarios para comenzar a desmitificar el voto como el acto ciudadano por antonomasia y a las votaciones como el único momento que tenemos para incidir en nuestras comunidades.

En este sentido, me gustaría lanzar una botella al mar con una propuesta investigativa y simbólica para que en el 2018 los muertos y desaparecidos puedan tener incidencia real en las votaciones. La idea se me ocurrió después de platicar con Vivette García y consta en documentar y sistematizar, en lo posible, la información que tenemos sobre homicidios y desapariciones de personas en los dos últimos sexenios y organizarla a nivel estatal, municipal y distrital. Periodistas, víctimas, académicos y otros actores solidarios ya están haciendo un trabajo de documentación, investigación y diseminación sumamente valioso pero faltaría articularlo. Creo que un punto de partida puede ser la labor altruista que Las Alamedas realizan en Twitter para visibilizar las desapariciones o el impresionante trabajo investigativo de la Red de Periodistas de Pie que acaban de lanzar el proyecto Más de 72 y, por supuesto, pienso en las implicaciones de nuestro conteo-nombramiento de muertos Menos Días Aquí.

Con la socialización de este tipo de ejercicios estaremos en posición de presionar para que los próximos candidatos a puestos de elección popular estén enterados de las principales violencias que aquejan las comunidades que van a gobernar o representar. Por ejemplo, los candidatos en San Fernando, Tamaulipas o Iguala, Guerrero deberían comprometerse a la prevención de delitos como el secuestro o las desapariciones forzadas y apoyar ejercicios de justicia y verdad como la correcta exhumación de fosas comunes e identificación de cuerpos óseos.

Llevo 18 años sin votar y pensaba seguir siendo honesto con mi repudio a la “fiesta democrática” disfrazada de farsa, pero en concordancia con lo anterior es muy posible que prepare mi lista de personas desaparecidas y asesinadas y en las boletas escriba algunos de los nombres de esos hombres y mujeres que se ha tragado esa guerra que ningún candidato percibe en sus campañas. Quizás sea un ejercicio estúpido que ninguno de los grandes académicos aprobará pero será uno con el que me sentiré completamente satisfecho.

About Author(s)

Alejandro Vélez Salas
Alejandro is the editor in chief of Nuestra Aparente Rendición's webpage (http://nuestraaparenterendicion.com/). He has a BA in Political Science from Instituto Tecnológico Autónomo de México and a PhD in Humanities form Universitat Pompeu Fabra. He just finished a postdoctoral fellowship at Universidad Autónoma Metropolitan-Xochimilco. His research interests are: enforced disappearance, surveillance studies, terrorism, 9-11 studies, genocide and public security.