Propuesta de un Indicador Complementario al Índice de Desarrollo Humano para México

October 10, 2016

 

 

Hasta antes de los 90s, el desarrollo se medía a través del ingreso, de allí que la medición del Producto Interno Bruto (PIB) per cápita era la medida por excelencia. Sin embargo, dicha aproximación ha evolucionado desde la aparición de los trabajos de Amartya Sen en los 80s, quien propuso un cambio de enfoque para entender el bienestar de una manera integral, un cambio que provocó una evolución del concepto hacia el incremento de las capacidades de las personas y la utilización efectiva de éstas para la satisfacción de sus necesidades. Con lo anterior, el ingreso en sí deja de ser lo relevante, ahora lo importante es el uso que se les da a los ingresos más que el nivel de ingresos en sí mismo. Dentro de este contexto, las libertades y capacidades se encuentran determinadas por los derechos y oportunidades que las personas tienen dentro de una sociedad, ya que solamente a través de la posibilidad de elegir es que pueden alcanzar su bienestar.

Sin duda medir el desarrollo y el bienestar es una tarea compleja, debido a que existen muchas acepciones respecto a lo que es desarrollo y diseñar un indicador que permita recoger todas las inquietudes se presenta como algo imposible, aunado a la carencia de información y a que ciertos aspectos intrínsecos al desarrollo son fenómenos difíciles de medir dada su naturaleza.

Al usar solamente medidas de ingreso, se pierde de vista que lo que se busca con el desarrollo es beneficiar a las personas: no se quiere desarrollo por tener desarrollo, se quiere porque en esas condiciones se puede mejorar significativamente el bienestar de la sociedad. Aunado a lo anterior, aunque las cifras sobre ingresos son útiles, el dato por sí solo no representa la composición de los ingresos ni a los beneficiaros reales, puesto que el cálculo de la renta per cápita no contempla ámbitos o situaciones con una fuerte influencia sobre el bienestar e incluye algunos otros con una menor relación o incluso negativa; además, las personas valoran muchos aspectos que quedan fuera del registro de los ingresos, tales como una mejor nutrición, mejores servicios médicos, mayor acceso a la información y al conocimiento, mayor seguridad en sus vidas, empleos con mejores condiciones de trabajo, más ocio, acceso a actividades culturales y de esparcimiento y a actividades políticas.

Por lo anterior, los enfoques sobre las capacidades dieron pie a la formulación de nuevas mediciones que superan al enfoque de los ingresos. El PNUD, en su informe de 1990, publicó el Índice de Desarrollo Humano (IDH) el cual, hasta nuestros días, se presenta como una de las mediciones más importantes en este tema, ya que ha puesto de manifiesto que el crecimiento económico es un medio para alcanzar el desarrollo humano y no un fin por sí mismo.

El enfoque del PNUD para el diseño de su indicador se deriva de la idea de que el objetivo básico del desarrollo es el de conformar un contexto o ambiente en el cual las personas disfruten de una vida prolongada, saludable y creativa. Por ello, entienden el desarrollo humano como un proceso a través del cual se incrementan las oportunidades de las personas para vivir más y de mejor manera, tener acceso a la educación y poder disfrutar de un nivel

En 2010, el PNUD generó una edición especial del reporte, para celebrar el vigésimo aniversario del nacimiento del concepto, este informe se centra en la tendencia y evolución del desarrollo humano; contrasta diversas hipótesis con un gran número de análisis empíricos y demuestra que no existe un solo camino para el progreso sostenible y que se han logrado avances significativos sin altos niveles de crecimiento económico.

Este informe resalta que los datos de los últimos veinte años demuestran que no existe una única vía para lograr el desarrollo humano. Asimismo, argumenta que se ha demostrado que los países pueden hacer mucho por el desarrollo humano, y que si bien el crecimiento económico es importante, los cambios no se dan en automático, sino que exigen voluntad política, liderazgo y el compromiso permanente de la comunidad internacional. Resalta también, que en algunos países se han visto retrocesos, los cuales han sido causados por conflictos armados, epidemias de enfermedades como el VIH y la mala gestión política y económica.

Y aunque incorpora tres nuevas mediciones que representan un avance significativo: el IDH ajustado por desigualdad (que había sido una de las principales críticas que había recibido el IDH desde su creación), el Índice de Desigualdad de Género y un Índice de Pobreza Multidimensional, sigue reconociendo que debe trabajarse en el tema estadístico, ya que existen dimensiones muy importantes que en el futuro deberían incorporarse: empoderamiento, sostenibilidad y desigualdad. De igual manera, se reconoce que el concepto de desarrollo humano es flexible, por lo que habrá de incorporar los retos que en materia de bienestar se presenten en el futuro.

En México, el PNUD tiene una oficina de representación que se encarga de elaborar los reportes regionales de desarrollo humano. Utiliza la misma metodología que a nivel internacional, con la ventaja de la homologación de las fuentes de información para todos los estados del país, por contar con fuentes de información unificadas para todos los estados. A la fecha se han generado tres reportes. El último reporte, el publicado en 2011, aunque presenta las mediciones del IDG para 2006, aun no presenta al IDH ajustado por desigualdad ni el índice de pobreza.

La referencia más estudiada y aceptada respecto a la intervención estatal en aras de propiciar el desarrollo y el bienestar es el que se conoce como Estado de Bienestar (EB) el cual se materializa a través de diferentes maneras y modelos, por EB nos referimos a una forma o filosofía de gobernar, ya que el Estado tiene compromisos y responsabilidades para con sus ciudadanos, los cuales está obligado a realizar a través de su actuación. Tenemos que referirnos entonces a derechos que son garantizados y que en términos generales están vinculados al bienestar social.

A partir de las políticas públicas que un gobierno implementa para propiciar el bienestar de sus ciudadanos, se genera lo que se conoce como la política social o de bienestar; y este conjunto de políticas conforma una mezcla única de posiciones, intervenciones, incentivos, regulaciones, ayudas y demás instrumentos públicos que un gobierno puede utilizar para alcanzar sus objetivos.

Dentro del EB, el gobierno funge como garante de ciertas condiciones que repercuten directamente en el bienestar social de sus ciudadanos, debido a que a través de sus intervenciones modela y moldea los mecanismos y esquemas por los cuales se establecen dichas condiciones. El único medio con el que cuenta el gobierno para incidir en el bienestar son las políticas públicas, y éstas pueden ser de diferente índole, debido a que pueden ser utilizadas para definir, regular y/o entregar los diversos servicios.

Aunado a lo ya mencionado anteriormente sobre el IDH, tenemos que usualmente se construyen diversos indicadores para dar nociones sobre la intervención estatal en el bienestar y el desarrollo, principalmente se hace referencia a el gasto público como porcentaje del PIB, así como también diversos desgloses que permiten comparar el gasto que se realiza dentro de la política social con respecto a las demás políticas y con el propio PIB. Son mediciones importantes que nos permiten observar el compromiso, reflejado en términos económicos, en aras de propiciar y asegurar el bienestar de sus ciudadanos.

En este punto, proponemos un índice de bienestar para complementar cualquier análisis que pueda realizarse sobre este aspecto, en el entendido de que la gran mayoría de los indicadores utilizados se refieren al desempeño y no al impacto, quizás el indicador más avanzado en ese sentido (sin estar exento de críticas) sería el IDH, el indicador de bienestar que proponemos podría complementarlo de manera significativa, ya que sin incluir las mismas dimensiones de análisis está íntimamente relacionado como lo demostraremos adelante.

Proponemos utilizar la pobreza y la desigualdad, dos de los principales problemas sociales no solo de México sino la mayoría de los países, complementado por la cobertura social, que es un aspecto fundamental para garantizar el acceso a diversos servicios públicos (salud, pensiones, maternidad y vivienda): derechohabientes/PEA (cobertura social), coeficiente de GINI (desigualdad) y pobreza de patrimonio (que al ser una variable acumulativa, incluye la pobreza de capacidades y alimentaria).

Para comprobar si el indicador que diseñamos es adecuado, partimos de la hipótesis de que a mayores niveles de bienestar deberían relacionarse mayores niveles de desarrollo humano. Para ello, construimos el indicador de bienestar con las tres variables descritas a través de un análisis de componentes principales. El componente resultante de este análisis explica poco más del 76% de la varianza de las variables consideradas.

Una vez construido el índice, se está en posibilidad de analizar su relación con el IDH. Visualmente la relación queda como sigue:

Relación entre el Índice de Desarrollo Humano y el Índice de Bienestar Propuesto

     Fuente: elaboración propia

Como podemos observar, existe una relación entre los índices; sin embargo se realizó un análisis más riguroso a través de una regresión, el cual arrojó resultados estadísticamente significativos.

El análisis realizado permite afirmar que el concepto de desarrollo es un concepto multidimensional y que siempre ha estado ligado con el concepto de bienestar. El PIB per cápita ha dejado de ser la medida del desarrollo y en la actualidad el Índice de Desarrollo Humano (sin estar exento de críticas y de ser una aproximación) se ha transformado en el nuevo indicador.

Sin embargo, existen otras dimensiones sumamente importantes que están relacionadas: desigualdad, pobreza y cobertura social; las cuales hemos sintetizado en un indicador para el caso de los estados de México, demostrando empíricamente su estrecha relación.

El indicador que proponemos no pretende sustituir al IDH, sino más bien complementarlo, añadiendo dimensiones que se ha comprobado están estrechamente relacionadas, y que abonan a la reflexión respecto a los aspectos a considerar dentro de un concepto tan amplio como lo es el desarrollo humano.

Este indicador, además de poner de manifiesto de forma empírica la relación entre estas dimensiones, abona al tema de la evolución que el propio IDH está experimentado en la actualidad, al incluir además de las mediciones que recientemente se están considerando como lo son la pobreza y la desigualdad (que en los reportes del PNUD a nivel de países ya se maneja, pero que para el caso de los estados de México todavía no se ha presentado) la dimensión de la cobertura social, que representa una buena forma de incluir en las dimensiones, el papel del estado, es decir, la aportación que de manera directa el estado brinda a su sociedad, al posibilitar mediante la cobertura social el acceso a situaciones que permitan a las personas mejores condiciones de salud, educación, longevidad, pobreza y desigualdad.

Con lo anterior pretendemos contribuir al tema ampliando el entendimiento sobre las dimensiones que deberían considerarse para impulsar el desarrollo humano (entendido más allá de solamente un indicador como lo es el IDH), entendiéndolo como un concepto que contempla un conjunto más amplio e interrelacionado de elementos que necesitan atención pública, para gestar condiciones pertinentes que lo posibiliten: educación, salud, longevidad, desigualdad, pobreza y cobertura social; dimensiones que sin duda nos permitirán reflexionar sobre el alcance y la forma de abordar y construir la política social para impulsar el desarrollo humano y el bienestar.


Nota:

Para revisar las referencias y la construcción del modelo en detalle puede revisarse el artículo completo qué fue publicado bajo el título de “Teorías del desarrollo y el papel del Estado. Desarrollo humano y bienestar, propuesta de un indicador complementario al Índice de Desarrollo Humano en México”, en la revista Política y Gobierno, vol. XXI, núm. 2, julio-diciembre, 2014, pp. 409-441.

El artículo completo puede ser accedido a través del siguiente link: 

http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=60331855007

 
 

 

About Author(s)

Jorge Ordóñez
Doctor en Gobierno y Administración Pública por el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset - Gregorio Marañón, de Madrid. Profesor investigador del Tecnológico de Monterrey Campus Puebla. Miembro del Grupo de Investigación en Gobierno, Administración y Políticas Públicas del Instituto Universitario Ortega y Gasset - Gregorio Marañón