Nacer y Crecer en Medio de la “Guerra contra el Narcotráfico” en México

October 12, 2016

Tengo una interesante discusión con una amiga colombiana sobre la (no) normalización de la violencia por parte de niños en contextos como los que aquejan a ambos países. Cuando la iniciamos, estábamos a la mitad de la inauguración de la exposición “El arte de testimoniar” entre fotografías de Juan Manuel Echavarría, mantas tejidas por parte de las integrantes del “Costurero de la memoria” y “Cartongrafías de la memoria” hechas por niños. Le mencioné que no sabía mucho del tema pero que me aventuraría a escribir algo para alimentar la discusión.

Al pensar en el tema, no pude evitar recordar la película Las tortugas también vuelanla cual vi hace más de una década y es una de mis preferidas. A pesar del tiempo, aún recuerdo el acalorado diálogo entre dos de los personajes: un  niño de trece años llamado Kak Satelite y su profesor de escuela. Cabe destacar que a pesar de su corta edad, Kak Satelite funge como líder de los niños que habitan un campo de refugiados kurdo en la frontera entre Irak y Turquía antes de la invasión de los Estados Unidos. La discusión se da mientras el pequeño líder está organizando a los niños para que monten un puesto de tiro para cuando llegue el enemigo.

Profesor: ¿Quién les dijo que traigan fusiles acá? ¿Te parece un buen lugar para disparar? Aquí hay una  bandera blanca.

Kak Satelite: Este es el mejor lugar para colocar la ametralladora.

P: ¡Qué desgracia!

KS: ¡Trabajen duro, con más ganas!

P: Lo único que haces es ir a los pueblos a revolucionarlos, algún día vas a meter a los niños en  problemas.

KS: ¿Qué yo los he revolucionado? Si no fuera por mi estarían holgazaneando. La guerra no respeta tu  bandera, ¿no oyes las explosiones? ¡Es la guerra! Hay que preparar las armas.

P: ¿Acaso te he dicho que les enseñes eso? Enséñales matemáticas y ciencias.

KS: Ya saben matemáticas y ciencias, ahora deben aprender a disparar y a ponerse las máscaras.

En la película del iraní Bhaman Ghobadi, a los niños kurdos les cayó la guerra encima o nacieron bajo su aterrador sino. No juegan, casi no van a la escuela, se les va el día recogiendo minas antipersona para venderlas y poderlas cambiar por artículos de primera necesidad. Una cotidianidad desoladora que hemos visto, con otras variantes, en otros campos de refugiados producto de otras guerras.

¿Pero qué pasa con los niños, niñas y adolescentes en países donde no hay una guerra declarada? ¿Qué ocurre en esos contextos difusos de conflicto o crisis invisibles que no salen en los grandes noticieros occidentales? ¿Qué sucede en contextos de violencia estructural, de violencia punitiva y de violencia vinculada al narcotráfico? Para Rossana Reguillo, estas violencias se ubican en “la dislocación de una sociedad que parece dejar de asumir su responsabilidad sobre sus miembros más jóvenes […], se ubican más allá de lo social, no respeta rangos etarios, géneros, clases ni territorios.”1 Y, desde luego, no respetan la infancia, que se tiene que debatir entre el terror y la normalización.

En México tenemos ejemplos en ambos espectros. Recuerdo que cuando me tocó contar-nombrar muertes violentas para el proyecto “Menos Días Aquí”, me estremeció el caso del asesinato de Eileen Armendáriz, de 10 años, bajo la mirada de su gemela Evelyn, quien logró esconderse debajo de la cama mientras un hombre asesinaba a su hermanita y hería gravemente a su padre, al cual habían ido a visitar desde Canutillo, Nuevo México. Pasé noches en vela, aterrorizado, intentando ponerme en el lugar de Evelyn sin conseguirlo. En otro caso, el 30 de octubre de 2014 fue publicado en Youtube el video de una balacera ocurrida en Cuajinicuilapa, Guerrero, mientras se estaba llevando a cabo un desfile de un jardín de niños. En el video se puede escuchar a una niña pequeña que en medio de la balacera, entre lágrimas, le pregunta a su papá ¿se murió mi mamá?

Pero también tenemos lo opuesto, niños que conviven diariamente con escenas de horror y tienen que seguir con su vida. Lucy Sosa, periodista del Diario de Juárez, cuenta que cuando llegó a cubrir un homicidio a un barrio, había dos niños jugando fútbol y sus padres compraban frituras. Ella se sorprendió y decidió preguntarles si tenían miedo, a lo que contestaron que no pues era lo normal en Juárez, y además en su colonia siempre pasaba eso por lo que el torneo tenía que seguir. En vez de asustarse, Lucy entendió a los niños: “Estaban jugando en el llano, hay pocos días de calor, esperaron toda la semana para este encuentro y ¡se tiene que vivir! Ellos tienen que seguir viviendo, todos tenemos que seguir viviendo a pesar de lo duro, de lo difícil y del luto.”2

Desafortunadamente, las balas son democráticas y no todos los niños salen ilesos cuando se encuentran a la mitad de los enfrentamientos que son cada vez más frecuentes. Este es el caso de Alan Alexis Martínez, de 4 años, que viajaba en un colectivo con su madre, su hermana y su abuelo cuando una bala apagó para siempre su infancia en la carretera La Mielera en La Laguna, Torreón, el 25 de marzo del 2009. Según la Agencia Fides, este el caso de por lo menos 2,000 niños,3 que desde 2006 a la fecha han sido asesinados o mutilados en medio de la mal llamada “Guerra contra el narco”, que más bien pareciera “Guerra contra la infancia y la juventud”.

Otro aspecto terrible de la realidad mexicana son los niños, niñas y adolescentes que son cooptados o reclutados por el crimen organizado para funciones que van desde el halconeo hasta el sicariato.4 En 2010, Rossana Reguillo pudo hablar con “Beto” uno de estos niños soldados y le contó parte de su iniciación:

Me quebré a mis primeros tres; me rafaguea a una velocidad para la que no estoy preparada. Me chingué al puto de la tienda, a su hermano y a un compita que andaba con ellos y a veces, con nosotros. La verdad no sentí nada, les metí el chivo como si ya supiera y mi jefe nomás se reía, “bien bravo salistes mi ‘Beto’…y se persignó y decía “el señor es mi pastor”. Y la mera verdad, yo estaba contento de que mi jefe estuviera contento. Lo malo vino después. Beto guarda silencio y saca de su pantalón la medalla de la Virgen. El cabrón de mi jefe nos dijo, vamos a llevarle un regalo al patrón. Sacó un cabrón cuchillo endemoniado, del tamaño de su pierna y zas, zas, zas, cortó las tres cabezas como mi padrino se las cortaba a las gallinas en el rancho. Se me entumecieron las piernas y se escondió la risa.

En estos tiempos aciagos pienso en todos mis amigos que tienen hijos y la aprensión que les ocasiona que crezcan y se desarrollen en un país que vive una guerra velada. Hay quienes intentan aislarlos del horror metiéndolos a toda clase de cursos: piano, básquetbol, gimnasia, tiro con arco, ballet, etc. Otros han prohibido las telenovelas, las caricaturas violentas o han restringido el uso del Internet. Unos más han optado por contarles a sus hijos lo que pasa lo mejor que pueden, a medida de su entendimiento. Este es el caso de Ximena, que en vez de contarle un cuento para dormir a su hija, decidió explicarle con palabras sencillas y amorosas que había 43 estudiantes –casi niños– que fueron desaparecidos en Iguala, Guerrero.

-¿Se los llevaron a todos?

-No. Sólo se llevaron a los que cabían en sus patrullas. Por eso sus papás y sus mamás los están  buscando, porque los policías no quieren decir a dónde se los llevaron.

-Mamá, ¿me regalas una foto?

-Si amor, te las regalo todas. Aunque no los conocemos, los queremos mucho y nos duele que no estén.  Por eso muchas personas están protestando. ¿Quieres una cajita especial para guardarlas?

Otro ejercicio amoroso lo realizó en 2011 la maestra Martha Rivera cuando una balacera rompió la tranquilidad y la felicidad de su clase de kínder en una escuela al sur de Monterrey. En el video se puede escuchar a la maestra animando a los niños a cantar Si las gotas de lluvia fueran de chocolate, mientras de fondo se escucha el tableteo de las armas automáticas.

A pesar de que la maestra Martha fue premiada por su gestión de la crisis, este tipo de eventos no ha derivado en esfuerzos coordinados por parte de autoridades, organizaciones de la sociedad civil y escuelas para explicar a nuestros niños lo que está sucediendo en este México cada vez mas convulso. Necesitamos urgentemente herramientas para trabajar con esta generación que nació o está creciendo en medio de la guerra y que amenaza con ser una generación perdida. No podemos dejar que en 3 o 5 años nuestros niños crean que los asesinatos, las desapariciones, las extorsiones, los secuestros son algo de todos los días. Y mucho menos podemos permitir que sigan alimentando la leva del crimen organizado y de las fuerzas de seguridad para librar una guerra estúpida que únicamente está dejando miles de víctimas directas e indirectas tras de sí.


Notas:

1. Rossana Reguillo. “Las múltiples fronteras de la violencia: jóvenes latinoamericanos entre la precarización y el desencanto”. Pensamiento Iberoamericano, #3, 2a época, 2008. P. 208.

2. Lucy Sosa. “Llegué al lugar de la masacre y estaban jugando fútbol”. En Lolita Bosch. 45 voces contra la Barbarie. México, DF: Océano, 2014. p. 75.

3. “Más de 2000 niños asesinados o mutilados entre el 2006 y el 2014” Agencia Fides. 21 de octubre de 2014.

4. Actividad que consiste en vigilar zonas para los grupos de la delincuencia organizada y avisar de la presencia de personas sospechosas, policías, soldados o marinos.

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Alejandro Vélez Salas
Alejandro is the editor in chief of Nuestra Aparente Rendición's webpage (http://nuestraaparenterendicion.com/). He has a BA in Political Science from Instituto Tecnológico Autónomo de México and a PhD in Humanities form Universitat Pompeu Fabra. He just finished a postdoctoral fellowship at Universidad Autónoma Metropolitan-Xochimilco. His research interests are: enforced disappearance, surveillance studies, terrorism, 9-11 studies, genocide and public security.