Las elecciones en Costa Rica, fulgor de una sociedad en transición

October 20, 2016

Este domingo 2 de febrero, los habitantes costarricenses escogerán a su nuevo presidente y legisladores, cargos políticos que serán ejercidos durante los próximos cuatro años. En estos comicios, los costarricenses cuentan con catorce opciones posibles para elegir tanto a su presidente como a los 57 diputados. Según las encuestas, cinco candidatos son los que aparentan tener una mayor intención de voto: José María Villalta del Frente Amplio, Johnny Araya de Liberación Nacional, Otto Guevara del Movimiento Libertario, Luis Guillermo Solís de Acción Ciudadana y Rodolfo Piza de la Unidad Social Cristiana. Sin embargo, más allá de la importancia que la elección presidencial y legislativa conlleva por sí misma, varios hechos dentro de los comicios electorales resaltan, ya que ponen en cuestión a la sociedad del país e invitan a una reflexión sobre los cambios que está enfrentando el país centroamericano.

Meses antes de iniciarse la contienda electoral, el panorama político nos hacía pensar que las elecciones en Costa Rica carecerían de un valor significativo dentro del electorado nacional; inclusive, no era descabellado vaticinar el aumento del índice del abstencionismo, tal y como se venía dando desde las elecciones de 1994, solamente interrumpido ligeramente por las votaciones del año 2010 en donde fue electa la actual presidenta Laura Chinchilla (nacion.com, 8 de febrero de 2010). Por eso, la suma de los casos de corrupción por parte de dos expresidentes, junto con el récord de impopularidad que ha tenido el actual gobierno, hacían creer que el desencanto por los comicios se reflejaría en un desinterés y apatía posiblemente mayores a elecciones pasadas, así como un  potencial nivel inimaginable de abstencionismo, el cual ha tenido una tendencia del 30% en las últimas tres elecciones (31, 17% en el 2002, 34,8% en el 2006 y 30,9% en el 2010. nación.com, 30 de enero de 2014).

Sin embargo, al parecer, tanto los casos de corrupción como el descontento del actual gobierno sirvieron como germen detonante en el electorado. Ahora, los electores costarricenses parecen tener un interés en tomar un papel distinto en las elecciones venideras. El desencanto de los gobiernos anteriores, especialmente del gobierno actual, han sacado de un letargo político a los ciudadanos, por lo que ahora es difícil de pronosticar  un crecimiento en el abstencionismo en las urnas electorales de este domingo.

Las redes sociales, en este sentido, han tomado un rol relevante para que los ciudadanos manifiesten sus opiniones sobre alguno de los candidatos a la presidencia; independiente de su adhesión política, las redes sociales se han convertido en un nuevo espacio para el debate. Si bien, como ya lo señalaba un artículo de CulturaCostaRica.net, estos espacios (Facebook, twitter, etc.)  “no necesariamente indican un mayor apoyo electoral,” ni tampoco concuerdan con los resultados de las encuestas, sino solamente una aparente adhesión a un partido en particular, es innegable que la discusión política se ha trasladado a las redes sociales, hecho que permite a los distintos sectores de la población, sea generacional o socioeconómico, poder expresar y compartir su sentir político (Geovanny Jiménez S., CulturaCR, 7 de octubre de 2013). Es decir, es incuestionable que las redes sociales si no ofrecen una oportunidad a la población de involucrarse en el proceso electoral, al menos permiten un espacio de opinión y reflexión para el elector, donde éstos pueden poner evidencia su des/encanto, o bien, salir de la abulia por la política nacional.

Esta inclusión de las redes sociales dentro de la arena política, además, pone evidencia una nueva forma de hacer política; los candidatos no solamente deben mostrarse en espacios públicos y abiertos, ahora también deben estar en una constante comunicación con los electores a través de todas las redes, como si estas permitieran una mayor cercanía con el electorado.

Esta nueva forma de hacer política incluye también, el tratamiento de nuevos temas otrora soslayados u olvidados en las agendas políticas anteriores. Temas como el matrimonio de las personas del mismo género y el aborto en caso de violación son puestos sobre la mesa, debatidos abiertamente y desde aristas muy distintas entre sí, hecho que enriquece la reflexión y conllevan a una discusión abierta sobre los mismos. Al tratarse estos temas, se logra, tal vez, como nunca antes visto en la nación centroamericana, una reflexión de la sociedad costarricense, una invitación a cuestionar las instituciones como el matrimonio, las instituciones públicas y privadas, la relación de la iglesia con el estado, o bien, el valor de la primera dama: todos temas que siempre se sesgaron para no tener que debatir en forma clara y directa, sin la necesidad de caer en un sensacionalismo producto mismo del esquivo y la carencia de frontalidad. Ahora, las elecciones han incitado a argüir dichos temas que solamente se debatían en la conversación de café, pero que no tenían mayor trascendencia. En este sentido, esta contienda electoral ha descolocado las ideologías de cada individuo costarricense,  poniendo en cuestión la ideología y valores de cada costarricense, a través de posturas ideológicamente distintas en extrema, como es el caso de las propuestas y posturas de cada partido político aspirante a algún curul. Con esto no se niega la similitud y parentesco de algunas e sus posturas, ya que las existen, pero lo que va más allá de las diferentes posturas de cada partido, es el hecho que sus diferencias han logrado que los temas anteriormente intratables, ahora son inevitables y primordiales dentro de la agenda política.

Por eso, de alguna manera, el descontento que produjo el gobierno actual, han calado hondo en el ciudadano costarricense, lo han sacado de una pasividad política, al extremo de convertirlo en un individuo activo dentro del estado, cuestionado los actores políticos, tratando de encontrar alternativas otrora impensables. Así, el resurgimiento de la izquierda, proclamada en el partido Frente Amplio, adquiere un valor significativo que va más allá de su postura ideológica o aceptación o rechazo de sus planteamientos; el valor del resurgimiento de la izquierda después de 65 años de no lograr un respaldo significativo en el electorado, se presenta precisamente en considerar la izquierda como una alternativa viable. De igual forma sucede con el creciente interés del Movimiento Libertario, partido con una postura totalmente divergente a la aparente izquierda del Frente Amplio, con una ideología neoliberal muy clara. Ambas posturas,  tanto la de derecha como de izquierda, ponen en evidencia esa búsqueda de nuevas opciones por parte del electorado costarricense, salidas que no solamente demuestran un desencanto por la ideologías y posturas pasadas, sino demuestran que los votantes costarricenses, parecen estar en una etapa de transición, en donde la forma de hacer política, así como los temas que se deben debatir, además de la inclusión de grupos antes vistos como minoritarios deben ser parte de la agenda política actual. En este sentido, de cierta manera, la inoperancia demostrada por los gobernantes actuales ha logrado despertar al ciudadano costarricense. Así, no es que después de la tormenta venga la calma, como dice el refrán, sino más bien, ha despertado en los costarricenses, la posibilidad de poder tener un papel más activo dentro del estado, es decir, una madurez política en donde todos son actores. 

About Author(s)

Leonardo Solano Moraga
Leonardo Solano Moraga is a PhD student from University of Pittsburgh. His research interests are documentary films, neo-avant-garde, theory and comtemporary literature.