La Internacional Socialista y la Guerra de Malvinas

October 12, 2016

La guerra de Malvinas (o Falklands en su versión inglesa) puede considerarse más que una simple disputa bélica entre dos países por un territorio cuyo dominio estaba en discusión, ya que su impacto político superó largamente las fronteras de los países enfrentados.

Aunque fue analizada, sobre todo, desde el punto de vista militar, la guerra de Malvinas se extendió trasnacionalmente en el mundo de los partidos políticos. Particularmente entre los afiliados a la Internacional Socialista (IS), afectando sus planes para lograr, por primera vez, una expansión de su influencia más allá del espacio europeo, donde tradicionalmente la socialdemocracia había logrado un gran predicamento.

El día 2 de abril de 1982 fuerzas de la infantería de Marina argentina desembarcaron en la mayor de las islas del archipiélago expulsando a las autoridades británicas y enviándolas a Uruguay. Un día después, Inglaterra rompía relaciones diplomáticas y resolvía el envío de tropas en respuesta a la ocupación. Rápidamente, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la Resolución 502, que exigía el retiro argentino de las islas y el inicio inmediato de negociaciones. Esta resolución, considerada una derrota diplomática argentina, estuvo en medio de todas las discusiones y negociaciones con el fin de evitar y, luego detener, la guerra.

El 14 de junio de 1982 finalizaba la guerra con la recuperación de las islas por las tropas británicas. En el bando vencedor, en tanto, se consolidó el poder político de Margaret Thatcher, ya que la guerra impactaría en el proceso electoral de 1983. La situación del gobierno conservador era compleja antes de la guerra. Por el contrario, la derrota militar ocasionó la caída de la junta militar argentina y la apertura del proceso de transición que devolvería al país al sistema democrático en 1983.

La Internacional Socialista en América Latina

La IS es una organización que agrupa a los partidos socialdemócratas y afines y que fue fundada en el año 1951 por los principales partidos europeos, de los cuales absorbió su tradición programática y organizativa. A pesar de  intentos anteriores, fue durante el año 1976 cuando la IS comenzó un sistemático proceso de expansión en todo el mundo y que fuera particularmente exitoso en América Latina.

En 1976 asumió la presidencia de la organización Willy Brandt, acompañado por Bernt Carlsson (Suecia) como Secretario General y junto a una camada de líderes de prestigio internacional como Olof Palme (Suecia), Françoise Miterrand (Francia), Felipe González (España), Mario Soares (Portugal), Bruno Kreisky (Austria) entre los más importantes.

Además, participaban importantes líderes latinoamericanos, como Carlos A. Pérez (Venezuela), José Pepe Figueres (Costa Rica), Michael Manley (Jamaica) y José F. Peña Gómez (República Dominicana), quienes fueron los referentes más involucrados con la organización. También intervenían activamente Omar Torrijos (Panamá), los sandinistas nicaragüenses; Guillermo Ungo (El Salvador), Daniel Oduber (Costa Rica), Anselmo Sule (Chile) y Leonel Brizola (Brasil), entre muchos otros.

Pero también, estos objetivos comunes y coyunturales que unían a partidos y políticos de diversos orígenes geográficos e ideológicos bajo el manto de la IS, ocultaban las diferencias de fondo que separaban a las organizaciones que pertenecían a los países desarrollados y aquellas que provenían del entonces llamado “tercer mundo”.

La guerra de Malvinas terminó de mostrar que aquella coyuntura que los había reunido desde mediados de la década de los setenta (estimulada por la distensión fomentada por parte del gobierno del Presidente de Estados Unidos, James Carter) había finalizado definitivamente y que sus diferentes tradiciones ideológicas eran una barrera más difícil de superar que lo previsto por sus líderes.

La IS en Medio de la Guerra ¿Latinoamericanos versus Europeos?

Frente al desembarco de las tropas argentinas en las Islas Malvinas, la primera declaración del Partido Laborista Británico (PLB) dirigida al escenario internacional no dejaba dudas sobre la caracterización política que realizaba. El PLB cuestionaba el carácter antidemocrático del gobierno argentino y la acción llevada a cabo por éste. También contemplaban el derecho de los isleños y la necesidad de protegerlos.

La estrategia de los laboristas fue aferrarse a la postura de la ONU, aunque internamente estaban divididos acerca de la dureza que debían mostrar frente a la guerra. Así, reclamaban a Thatcher obedecer la resolución de la ONU y aceptar un cese el fuego. Al mismo tiempo, exigían a Argentina abandonar las islas inmediatamente, rechazaron el uso del veto por el gobierno inglés y apoyaban los esfuerzos mediadores del Secretario General de la ONU.

Los socialistas argentinos también comenzarían a mover sus fichas en el tablero de la IS. En un cable dirigido a la IS y al PLB, el Partido Socialista Popular respondía que tomar partido por el gobierno inglés sería traicionar los principios fundantes de la IS y legitimar un ataque contra América Latina en su conjunto.

En el clima de confusión que la guerra había desatado, la IS parecía no tomar posición más allá de alguna apelación al cese del conflicto y el respeto a la ONU. Sin embargo, las cosas no serían tan fáciles. Sin consultarlo con las autoridades de la IS, apareció un comunicado del Comité para América Latina y el Caribe de la Internacional Socialista (CALCIS) que puso al conflicto por las Malvinas en el centro de la agenda socialdemócrata.

EL CALCIS era un organismo interno de la IS que agrupaba a los partidos de la región y a sus principales dirigentes. Este organismo era dirigido por el líder del Partido Revolucionario Dominicano, José F. Peña Gómez.

El documento emitido por el comité adoptaba posiciones sobre los aspectos centrales del conflicto tomando partido por el lado argentino. Si bien adhería a la intervención de la ONU, señalaba que Inglaterra había sido la iniciadora del conflicto y se afirmaba que “las Malvinas son argentinas”, asimilando el interés argentino al de toda Latinoamérica, al mismo tiempo que no se hacía mención a las características no democráticas de su gobierno.

El comunicado había sido producto del consenso de los principales líderes latinoamericanos y debía leerse también como una reacción ante la decisión de la Comunidad Económica Europea de aplicar sanciones económicas a la Argentina con el apoyo de los gobiernos socialdemócratas.

La declaración del CALCIS llevaba incorporada el nombre “Internacional Socialista” lo cual le daba una mayor repercusión política y mediática y obligaba a sus autoridades a incorporar el tema en la agenda de la organización.

La Guerra entra a la Internacional Socialista

La intensa difusión del comunicado del CALCIS tuvo el efecto inmediato de introducir el problema al interior de la IS. Esta situación, además de enrarecer el clima interno de la IS complicaba la situación política del PLB, cerca de enfrentarse a una importante disputa electoral. El clima nacionalista crecía con el avance de la guerra al punto de convertirse en uno de los principales ejes de la campaña.

Para rebatir la posición del CALCIS, los laboristas reiteraban el carácter antidemocrático del gobierno militar argentino, convirtiendo esta premisa en el eje central de las argumentaciones. La crítica inglesa incluía el excesivo nacionalismo de los latinoamericanos, lo que era contrario a las históricas ideas socialistas.

Como manifestaban los laboristas, los partidos políticos latinoamericanos habían tomado posición frente a la guerra y los apoyos a Argentina provenían de todo el arco político, incluso, de aquellos partidos que mayor rechazo mantenían frente a su gobierno. Por ejemplo, los países que mantenían conflictos con los norteamericanos y de esta manera aprovechaban la situación para ajustar cuentas con vista a sus propias realidades. Este podía ser el caso del gobierno cubano, de los integrantes del movimiento de países no alineados o de los sandinistas nicaragüenses. En cambio, los partidos del Caribe anglófono, con influencia inglesa, apoyaron sin fisuras a este país.

Dentro de los países europeos, la posición fue mucho más favorable a Inglaterra aunque tampoco en forma unánime. El panorama aparecía más variopinto de lo que los propios latinoamericanos parecían reconocer. Argentina también sumaba apoyos: Irlanda por las tradicionales diferencias con Inglaterra e Italia y España por la relación histórica que mantenían con el país sudamericano.

El apoyo europeo a la Argentina, incluso, provino desde la izquierda más radical británica y de parte de las organizaciones sindicales internacionales. La rama juvenil de la IS (International Union of Socialist Youth, IUSY) también emitió un comunicado muy favorable a la posición argentina, aunque con fuertes críticas a su gobierno y salvando a la vez la posición laborista.

El Partido Socialdemócrata alemán (SPD) trataba de mantener un difícil equilibrio entre sus compromisos con ambos bandos. Debía conjugar sus necesidades de mantener unida a la IS bajo el liderazgo de Brandt sin interferir en las políticas de apoyo a Inglaterra que llevaba adelante el canciller Helmut Schmidt.

En tanto, el presidente socialista francés, Françoise Mitterrand, dio un firme apoyo al gobierno inglés tanto en la OTAN, en el Consejo de Seguridad de la ONU como en la votación de las sanciones en la Comunidad Europea.

La guerra del Atlántico Sur no había podido comenzar en un momento más inoportuno para los latinoamericanos. A la coyuntura crítica que inauguró la llegada de Ronald Reagan a la presidencia norteamericana,  se sumaban las insalvables diferencias por Centroamérica, la crisis económica (ese mismo año se desató la llamada “crisis de la deuda”) y el aumento del aislamiento político que los países del “tercer mundo” sufrían frente a la polarización del mapa geopolítico.

La guerra de Malvinas mostraba crudamente la nueva coyuntura que se vivía en el mundo y, además, llamaba a la realidad a los políticos de América Latina sobre su verdadera influencia en el tablero geopolítico.

Conclusiones

Las diversas respuestas que generaron los miembros de la IS y sus líderes ante la guerra de Malvinas fueron una muestra de las diferencias profundas que guiaban el accionar de los partidos políticos europeos y latinoamericanos. En este sentido, mostró que mientras los latinoamericanos leyeron el conflicto en la clave colonización-descolonización, los europeos lo hicieron en función de la coyuntura democracia-dictadura.

Esta diferencia no fue casual ni meramente táctica y mostraba cierta falta de preocupación de los partidos latinoamericanos por el problema de la democracia y su vinculación estructural con el nacionalismo. Al mismo tiempo, las presiones del entorno geopolítico comenzaban a jugar un importante papel dentro del devenir organizativo de la IS y esto también puede explicar las cambiantes posiciones de los políticos de América Latina.

La proximidad de procesos electorales en Venezuela, Costa Rica y República Dominica restringía aún más los márgenes de maniobra de los partidos afiliados a la IS. En resumen, los miembros de la IS comenzaban a recibir distintas presiones para priorizar sus intereses primarios, como organizaciones nacionales, sobre la construcción colectiva, y esto fue erosionando el proyecto trasnacional que la IS había encarnado exitosamente  desde 1976.

La asunción de Reagan y la crisis económica que abrió la década de 1980 no fueron elementos positivos para la organización socialdemócrata, que pasaba así de un entorno positivo a uno hostil  en sus proyectos de expansión. Esta situación no era ignorada por las máximas autoridades de la IS, pero era poco lo que podían hacer al respecto.

A mayor polarización geopolítica menor espacio para que pudieran sobrevivir otros actores con proyectos alternativos al de los extremos de la confrontación entre EE.UU. y la Unión Soviética y sus respectivos aliados.

La guerra de Malvinas puso fin a la ilusión de que los países del “tercer mundo” podían recibir atención preferencial en el escenario geopolítico y definió a los actores en torno a sus intereses en el marco de la disputa Este/Oeste.


Nota

Este artículo está basado en la siguiente publicación:

Pedrosa, Fernando (2014). “La Internacional Socialista y la guerra de Malvinas”. Latin American Research Review, Vol. 49 (2). Disponible en: https://lasa.international.pitt.edu/LARR/prot/fulltext/vol49no2/49-2_47-...

About Author(s)

Fernando Pedrosa
Fernando Pedrosa es Historiador y Politólogo. Dr. en Procesos Políticos contemporáneos por la Universidad de Salamanca. Profesor e investigador en la Universidad de Buenos Aires. Autor del libro "La otra izquierda. La socialdemocracia en América Latina".