Evolución Reciente y Desafíos de la Ciencia Política en Uruguay

August 5, 2016

La ciencia política uruguaya tuvo un desarrollo “tardío, intenso y asimétrico” (Garcé, 2005). Durante los últimos diez años, la disciplina siguió expandiéndose y diversificándose, convirtiéndose en una profesión cabal.1 Ha corregido algunas asimetrías que la caracterizaban al tiempo que enfrenta nuevos desafíos. En particular, se discute cada vez más abiertamente sobre el pluralismo académico y el vínculo entre cientistas políticos y partidos políticos.

 

Panorama descriptivo de la ciencia política en Uruguay2

i) Enseñanza

En Uruguay existen solo dos caminos para obtener la Licenciatura en Ciencia Política: en la Universidad de la República (UdelaR), única universidad pública del país, y en la Universidad Católica del Uruguay (UCUDAL). La oferta de grado está concentrada geográficamente en la ciudad capital. No obstante, el interés por este campo de conocimiento ha ido creciendo. Los cursos de ciencia política se han instalado en otras carreras y facultades a nivel de grado. Año tras año se registra un progresivo (aunque tímido) incremento del número de cientistas políticos que egresan de la licenciatura. En total, desde la década del noventa registraron 296 titulados.

En relación con la formación de posgrados, la UdelaR ofrece una Maestría en Ciencia Política desde 1997 (47 egresos) y un Doctorado en Ciencia Política desde 2005 (5 egresos). Asimismo, se ha generado una interesante oferta de alternativas de posgrados, diplomas y maestrías sobre temas afines (historia política, políticas públicas, etc.)

ii) Investigación

El principal epicentro de desarrollo de la disciplina es el Instituto de Ciencia Política de la  UdelaR. Éste cuenta con aproximadamente 60 docentes, de los cuales un tercio realiza solo actividades docentes y la mitad tiene dedicación total. Los cuerpos académicos de las universidades privadas son más pequeños, pero se han consolidado, adquiriendo especial dinamismo en investigación el de la Universidad Católica. Casi la totalidad del plantel de tiempo completo de los departamentos que investigan y enseñan en ciencia política posee títulos de doctorados y la mayoría lo obtuvo fuera del país.

En 2007 se creó el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) en la órbita de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación que categoriza y evalúa periódicamente a los investigadores y establece un sistema de incentivos económicos. En 2015, 35 investigadores activos del sistema (de un total de 265 en el área de Ciencias Sociales) seleccionaron como área principal de trabajo “Ciencia Política”, 74% de los cuales pertenece al Instituto de Ciencia Política/UdelaR.

La Revista Uruguaya de Ciencia Política sigue siendo el principal medio de publicación académico especializado del país. Su gravitación interna es muy relevante. Un indicador de ello es que el 75% de los censados por Asociación Uruguaya de Ciencia Política (2013) señaló leerla y más de un 65% afirmó que, en términos de formato, nivel académico y precio, la publicación es muy buena o buena. La revista ha sido incluida en diversos índices internacionales –aunque no ha accedido a los de más prestigio, como ISI Thompson y Scopus- y se sitúa como referente en el ámbito regional (Buquet, 2011).

iii) Profesión

La creación de asociaciones profesionales es un signo de institucionalización disciplinaria; refleja la existencia de una masa crítica de profesionales y de niveles mínimos de legitimidad del campo (Chasquetti, 2013). En 2005 se inició la gestación de la Asociación Uruguaya de Ciencia Política (AUCIP). Desde 2006, AUCIP organiza bianualmente el congreso uruguayo de ciencia política, evento que ha crecido en cada edición y  logra sistemáticamente una importante presencia de colegas de la región.

 

“Asimetrías” enfrentadas por la disciplina y evolución en la última década

i) El impacto: alta audiencia en Uruguay versus baja influencia internacional

Garcé afirmó en 2005 que “Los politólogos uruguayos son mucho más escuchados y leídos en Uruguay que entre sus pares de América Latina y del resto del mundo” (Garcé, 2005: 241). Es positivo (tanto para la disciplina como para el sistema político y la ciudadanía) que los cientistas políticos sigan siendo escuchados en Uruguay. Sin embargo, debido a la internacionalización de los procesos de construcción de las ciencias, es igualmente necesario que quienes trabajan en Uruguay sean leídos por sus colegas en otras partes. Esto todavía ocurre muy poco debido a que la publicación en revistas de alto nivel internacional es todavía incipiente en el medio local (¡ Altman, 2011;Buquet, 2012).

ii) La demanda: estudios de procesos electorales versus análisis de políticas públicas

Hace diez años los cientistas políticos eran “mucho más demandados por los medios de comunicación (generalmente para comentar y explicar procesos electorales) que por instituciones (…) involucradas en la elaboración y gestión de políticas públicas” (Garcé, 2005: 241). Esta asimetría se ha corregido mucho. Según datos de AUCIP (2013), hay 115 politólogos que declaran trabajar solamente como tales, de los cuales 52 trabajan en universidades y 33 en distintas oficinas del Estado. Esta tendencia se explica por un doble movimiento: por un lado, los politólogos han “aprendido” de políticas públicas, consolidándose una masa crítica de profesionales y de contenidos de enseñanza de grado y posgrado especializada en el área; por otro lado, la profesión se “hizo conocer” en el ámbito público, siendo cada vez más frecuente la demanda específica de politólogos para ocupar cargos en distintas instituciones estatales.

iii) El estatus: prestigio social versus nivel de ingreso

En 2005 existía una “asimetría importante entre el prestigio social y la visibilidad pública que ha logrado acumular la ciencia política y los bajos niveles de ingreso promediales de sus cultores” (Garcé 2005:242). También esta brecha ha tendido a corregirse. Los ingresos de los politólogos han aumentado considerablemente. El salario del profesor titular (Grado 5) full time en la Universidad de la República es de US$ 4000. Los académicos que, además, pertenecen al Sistema Nacional de Investigadores, reciben un ingreso adicional (US$ 500 para los del Nivel superior). En promedio, e nivel de ingresos de los politólogos en 2013 rondaba los US$ 2.000 mensuales líquidos. Quienes se desempeñan en el área de consultoría como su principal empleo tienen en promedio mayores ingresos que los demás.

iv) La “fuga de cerebros”: formación versus reinserción

Hace diez años se señalaba “el contraste entre la relativa facilidad con la que, pese a la inexistencia de un sistema de becas (…), los graduados en ciencia política en Uruguay son admitidos en buenos programas de doctorado a nivel internacional y sus graves dificultades para retornar al país” (Garcé, 2005: 242). Durante esta década se han registrado cambios relevantes en esta dimensión. Desde 2007 funciona un Sistema de Becas estatal (Ley 18.172) que apoya a la formación de posgrado en el exterior e incentiva el retorno de los graduados. Asimismo, el incremento de los ingresos y de las oportunidades laborales facilitó el regreso de muchos doctorados. De todos modos, el problema de la “fuga de cerebros” no está solucionado. Según AUCIP (2013), la tasa de retorno de quienes terminan maestrías en el exterior es mayor a la de quienes obtienen doctorados. La “diáspora” uruguaya se concentra en países del Cono Sur y las mayores posibilidades de desarrollo profesional que encuentran fuera del país sigue siendo la principal motivación para realizar sus carreras en el extranjero (Freidenberg y Malamud, 2013).

 

Nuevos desafíos para viejos principios

i) Autonomía

La ciencia política uruguaya nació tomando distancia de los partidos. Ello contribuyó al proceso de reconocimiento social de la disciplina y a que adquiriera un estatus propio.  Este posicionamiento logrado  estimuló a los partidos a intentar obtener el compromiso político público de los politólogos. Muchos de ellos, a su vez, sabiendo que los partidos son actores fundamentales en el sistema político, terminan aceptando la invitación, cruzando el puente y declarando sus preferencias partidarias o permitiendo que sus nombres sean incorporados como candidatos en las listas de los partidos.

Es imprescindible preguntarse qué consecuencias puede tener esto en la evolución futura de la disciplina en lo que respecta a su autonomía. La partidización de los politólogos no necesariamente impide que la disciplina prospere. El ejemplo de los EEUU es, en este sentido, muy claro. Allí la ciencia política tiene un desarrollo intenso sin que los politólogos oculten al público sus preferencias en materia ideológica o partidaria. Como los estudios más recientes sobre regímenes de conocimiento sugieren (remitimos a los trabajos de John Campbell y Ove Pedersen), algunas sociedades (como la francesa o la alemana) aceptan más fácilmente que otras (como la norteamericana y la uruguaya) otorgar al conocimiento científico un estatus de independencia respecto a los intereses de los grupos de económicos y de los partidos políticos.

En Uruguay, es posible que los mismos factores que dificultaron durante décadas el establecimiento de la ciencia política (la potencia de los partidos, la omnipresencia de la competencia política) estén ahora minando las bases de la independencia de los politólogos respecto a los partidos. Es muy probable que este proceso de partidización sea inevitable dadas las características del régimen de conocimiento  uruguayo. Y es posible que, como en EEUU, esto no impida que la disciplina siga prosperando. En cualquier caso, el proceso de partidización es visible y es necesario explicar sus causas y reflexionar sobre sus consecuencias.

ii) Pluralismo

La ciencia política también nació y prosperó recostándose de modo deliberado en un espectro plural de visiones epistemológicas, teóricas y metodológicas. La trayectoria ulterior, sin embargo, muestra en este sentido tendencias contradictorias.

Por un lado, como consecuencia de la expansión de la disciplina, el pluralismo se ha reforzado. La disciplina se ha vuelto más diversa y dinámica desde el punto de vista de su objeto de estudio. Durante la primera década de vida del ICP (los años noventa), por ejemplo, los estudios sobre instituciones políticas (sistema electoral, partidos, régimen político) tuvieron un protagonismo especial. Durante los últimos años han adquirido también relevancia otros campos de estudio, desde las políticas públicas a los estudios de género, pasando por la teoría y la historia política. En segundo lugar, la disciplina se ha vuelto más diversa en términos de enfoques teóricos. Mientras que en los estudios sobre partidos predomina la variedad rational choice del neoinstitucionalismo, en las investigaciones sobre estructuras del Estado y políticas públicas se dejan sentir con mayor vigor otras corrientes como el neoinstitucionalismo histórico o discursivo. En tercer lugar, aunque se verifica una tendencia hacia una mayor utilización del método comparado, los estudios de caso siguen abundando (Rocha Carpiuc, 2012). Finalmente, las orientaciones metodológicas cuantitativas conviven (aunque no siempre pacíficamente) con las cualitativas. Sin embargo, hay razones para sostener que se trata de un pluralismo disciplinar incómodo, vergonzante, asediado. Es difícil definir la situación con precisión y sin cometer injusticias. Una forma de hacerlo que pretende ser elegante sería la siguiente: puede decirse que el pluralismo real, el que persiste tesonero en el terreno de las prácticas, convive con un discurso que lo cuestiona y constriñe.

En Uruguay, como en la academia norteamericana, especialmente antes del “Movimiento Perestroika”, se ha vuelto especialmente potente en términos discursivos una forma específica de entender qué constituye la “buena” ciencia política. Según este enfoque, que en los pasillos suele etiquetarse como mainstream, hay distintas formas de hacer ciencia política, pero no todas son igualmente válidas. Desde luego, las fuertes tensiones entre una práctica crecientemente plural y un discurso normativo con igualmente crecientes pretensiones hegemónicas no son una peculiaridad del caso uruguayo. Esta tensión se vivía fuertemente en la academia norteamericana antes del “Movimiento Perestroika” y se está viviendo en muchos lugares de América Latina y de Europa.

Autonomía y pluralismo son principios fundacionales de la ciencia política en Uruguay. La evolución reciente nos hace preguntarnos por su vigencia, las reformulaciones que han sufrido y sus potenciales consecuencias. Por eso mismo, esta discusión merece quedar abierta y procesarse con la mayor delicadeza.

 


Notas

1 Este texto sintetiza la información y los argumentos presentados por los autores en el artículo “La ciencia política en Uruguay: Entre la profesionalización, la partidización y el fantasma del Movimiento Perestroika”, publicado por Revista de Ciencia Política 35(1): 121 – 144. 

2 Los datos fueron recolectados en febrero 2015. 

 

Referencias

Altman, David. 2011. “Where is Knowledge Generated? On the Productivity and Impact of Political Science Departments in Latin America”. European Political Science 11 (1): 71-87.

Asociación Uruguaya de Ciencia Política (2013). “Censo a politólogos/as y socios de AUCIP 2013”. Informe elaborado por Nicolás Schmidt. [En línea, consulta 27-2-2015] http://aucip.org.uy/docs/censos/Informe_Censo_AUCIP_2013_Nicolas_Schmidt_FINAL.pdf

Buquet, Daniel. 2011. “Informe de Investigación (2005-2010)”. Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República (inédito).

Buquet, Daniel. 2012. “El desarrollo de la Ciencia Política en Uruguay”. Política: Revista de Ciencia Política 50 (1): 5-29.

Chasquetti, Daniel. 2013. “Construyendo instituciones: examen de las asociaciones de Ciencia Política del Cono Sur”. En La ciencia política en Colombia: ¿una disciplina en institucionalización, Santiago Leyva (editor), 287-308. Medellín: Colciencias, ACCPOL, Universidad EAFIT.

Freidenberg, Flavia y Andrés Malamud. 2013. “Politologos on the run. Contrasting Pathways to Internationalization of Southern Cone Political Scientists”. Latin American Politics and Society 55 (1): 1-21.

Garcé, Adolfo. 2005. “La Ciencia Política en Uruguay: Un desarrollo tardío, intenso y asimétrico”. Revista de Ciencia Política 25 (1): 232-244.

Rocha Carpiuc, Cecilia. 2012. “La Ciencia Política en Uruguay (1989- 2009): Temas, teorías y metodologías”. Revista Uruguaya de Ciencia Política 21 (1): 97-127.

About Author(s)

Adolfo Garcé
Doctor en Ciencia Política (Universidad de la República). Profesor en Régimen de Dedicación Total en el Instituto de Ciencia Política, FCS-UDELAR.
Cecilia Rocha Carpiuc
Cecilia Rocha Carpiuc is an Assistant Professor of the Department of Political Science, Universidad de la República. She is a candidate researcher of the National Research System, Uruguay. She holds a Degree in Political Science and Master in Public Policies and Gender. She is a beneficiary of the OAS Regular Program for Academic Scholarships for her PhD studies in political science at Universidad Nacional de San Martín, Argentina.