De Charlie Hebdo a Ayotzinapa, la Imperiosa Necesidad de Entender y Contextualizar la Violencia

October 11, 2016

Hace un par de días mi amiga Cordelia Rizzo compartió en su muro de Facebook un artículo de Robert Fisk sobre la relación entre la Guerra de Argelia y el crimen cometido por los hermanos Kouachi –ambos argelinos- en París contra el semanario Charlie Hebdo, donde fueron asesinadas doce personas. En el artículo publicado por The Independent, el siempre juicioso periodista británico hace una extraordinaria reseña de lo que significó la guerra para muchos argelinos que hoy viven en Francia, algunos de los cuales se han radicalizado. Así mismo, critica que la mayoría de los medios de comunicación hayan tratado el acontecimiento como si hubiera ocurrido desprovisto de un pasado y, agregaría yo, de un contexto social determinado.

Es muy sencillo para los medios mostrar el bit de video con el “Allahu Akbar” que gritaron los asesinos y afirmar, sin más reflexión de por medio, que los crímenes fueron en venganza por las hirientes caricaturas del profeta que publicaba el semanario. Si además, a algunos locutores o políticos les da por parafrasear a George W. Bush y afirmar que los asesinos actuaron de esa manera porque odian y envidian las libertades y valores de Occidente, vale la pena preguntarse: ¿Cuáles son los valores de Occidente? Para  Boaventura de Souza:

Luego de muchos siglos de atrocidades cometidas en nombre de estos valores dentro y fuera de Europa -de la violencia colonial a las dos guerras mundiales-, se exige algún cuidado y mucha reflexión sobre lo que son esos valores y por qué razón, según los contextos, ora se afirman unos ora se afirman otros.

Es por esto que piezas históricas como la de Fisk, sobre el terrorífico pasado colonial de Francia adquieren relevancia. Pero no es suficiente. Hace falta reflexionar sobre la intolerable estigmatización del Islam después del 11-S, las mortíferas intervenciones preventivas en países de mayoría musulmana, los gobiernos autoritarios instaurados y defendidos en los mismos países a la medida de los intereses geopolíticos y económicos de las grandes potencias y, sobre todo, a cerca de la precariedad social económica y política en la que vive gran parte la población musulmana en Europa.

Más allá de celebrar y maravillarnos con las grandes manifestaciones espontáneas que surgieron para repudiar los ataques y mostrar solidaridad con las víctimas, considero necesario hacer un esfuerzo para completar los vacíos que los medios de comunicación están dejando sin llenar. Una de las cosas que deberíamos tratar de entender es por qué dos muchachos franco-argelinos huérfanos que amaban el futbol de niños, pasaron a ser asesinos de 12 personas. Aunque parezca la respuesta más cómoda, el fundamentalismo islámico es tan sólo una de tantas variables que hay que ponderar.

El problema es que no se están ponderando, y tal como sucedió después del 11-S, desde los Gobiernos se ha optado por las respuestas más populistas y represivas: categorización racial, endurecimiento de las políticas migratorias y el escalamiento de las operaciones militares en otros países. Mientras tanto, la islamofobia y la paranoia terrorista se alimentan y refuerzan mutuamente en Francia y el resto de Europa, donde cualquier bulto olvidado en el metro puede ser una potencial bomba y donde la libertad de expresión –la misma que fue atacada en el ataque al semanario cómico- puede ser vulnerada legalmente aduciendo el delito de “enaltecimiento al terrorismo” como acaba de suceder con el comediante Dieudonné. Como afirma Mehdi Hasán delHuffington Post: pareciera que si no eres Charlie Hebdo eres un peligroso fanático contra la libertad de expresión.

Como era de esperarse, el aluvión #JeSuisCharlie en las redes sociales y en los medios de comunicación ha acallado otros acontecimientos que merecerían las mismas muestras de indignación y solidaridad. Tal es el caso del coche bomba que estalló frente a una academia de policía en el centro de Saná en Yemen y que mató a 31 personas e hirió a 23; o bien el ataque de Boko Haram en la ciudad de Baga, Nigeria donde según información de Amnistía Internacional fueron asesinadas más de 2,000 personas; y qué decir de la tragedia mexicana cuyo último acontecimiento tuvo lugar en Apatzingán con 9 civiles muertos.

Para algunos compañeros estamos ante un severo caso de solidaridad selectiva o de diferente valoración de la vida humana. He estado tentado a darles la razón, pero creo que podemos explicarlo mejor a través de la normalización de la violencia en algunas zonas del planeta. Me explico. Está dentro de la norma que en México sujetos con AK47 rafagueen oficinas de periódicos o desaparezcan periodistas a plena luz del día, pero en París o Viena eso no sucede. Otro aspecto para entender por qué parecen importar más las víctimas de Charlie Hebdo que las de Boko Haram o los Zetas, son los marcos a través los cuales delimitamos lo humano. Para Judith Butler “si ciertas vidas no se califican como vidas o, desde el principio, no son concebibles, desde ciertos marcos epistemológicos, tales vidas no se considerarán vividas ni perdidas en el sentido pleno de ambas palabras”.1 Por esta razón, los muertos en las torres gemelas tienen un bonito memorial y las que han muerto en Irak o Pakistán están olvidadas para la opinión pública internacional.

 

Los desaparecidos en México 

¿Qué nos deja todo esto para la lucha por los desaparecidos en México, en especial para el caso Ayotzinapa? Mientras no tengamos otros instrumentos, tenemos que seguir saliendo al espacio público en masa de manera pacífica y creativa, pero creo tenemos que ampliar los marcos que el discurso gubernamental maniqueo ha distorsionado. Todas las vidas merecen ser lloradas, todos los desaparecidos buscados. No puede volver a suceder lo que en Tijuana, donde salieron 5,000 personas a manifestarse por los normalistas de Ayotzinapa y cuando la asociación Unidos por Nuestros Desaparecidos en Baja California convocó a un plantón frente al Palacio Municipal por los desaparecidos del estado, no llegaron ni 100 personas.

Al igual que el asesinato de los caricaturistas de Charlie Hebdo no sucedió por arte de magia, la desaparición de miles de mexicanos tiene varias variables que debemos descifrar y tomar en cuenta, antes y después de marchar. Tenemos la imperiosa necesidad de aprehender el contexto en el cual se están ejecutando las violencias y su vinculación con el pasado. Como dice Cordelia Rizzo, entender la violencia –sus fuentes, consecuencias y motivos de uso- es uno de los trabajos más importantes para construir la paz.


Referencias:

1 Judith Butler. Marcos de guerra. Las vidas lloradas. Buenos Aires: Paidós, 2010. P.13

About Author(s)

Alejandro Vélez Salas
Alejandro is the editor in chief of Nuestra Aparente Rendición's webpage (http://nuestraaparenterendicion.com/). He has a BA in Political Science from Instituto Tecnológico Autónomo de México and a PhD in Humanities form Universitat Pompeu Fabra. He just finished a postdoctoral fellowship at Universidad Autónoma Metropolitan-Xochimilco. His research interests are: enforced disappearance, surveillance studies, terrorism, 9-11 studies, genocide and public security.