¡Hablen bien de México!

October 10, 2016

Hace unos días Monte Alejandro Rubido, Comisionado Nacional de Seguridad, declaró al periódico español El Mundo que las 23 mil personas que la ONU menciona en su informe no son desaparecidas, más bien “no localizadas”. Explicó la diferencia de la siguiente manera:

No es un eufemismo. Si encontramos que la hija se va con el novio y desaparece de la casa paterna los padres van y levantan una denuncia. En semanas la hija regresa y los padres nunca lo notifican. Lo mismo que un inmigrante ilegal que se vaya a EE UU. Hay que diferenciar entre desaparecidos y no localizados.

Supongo que el Comisionado ignora que han sido exhumados más de 70 cuerpos en los cerros aledaños a Iguala en los últimos cuatro meses o que tan sólo en cuatro municipios del Estado de México (Ecatepec, Tecamac, Chimalhuacán y Nezahualcóyotl) desaparecieron por lo menos 400 niñas y adolescentes el año pasado. Hago esta suposición porque en la misma entrevista Rubido mencionó que la desaparición de 43 estudiantes normalistas en Iguala había sido un “caso aislado” pues en los meses anteriores los temas de delincuencia habían salido de las primeras planas de los diarios. Es más, el Comisionado tranquilizó al reportero -y a la audiencia internacional- diciendo que México había vuelto al Top Ten en destinos turísticos.

Los buenos augurios parecen ser contagiosos en el gabinete de Enrique Peña Nieto, pues hace poco más de un mes el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, declaró que México estaba en el mejor nivel de seguridad de los últimos 10 años. Después de que sus declaraciones generaran descontento en redes sociales y en organismos de la sociedad civil, el Secretario de Gobernación, ratificó al día siguiente sus dichos argumentando que, según la información oficial, la incidencia delictiva por cada 100,000 habitantes era menor que la registrada en 2007, incluso estaba cercana a la de 1997.

Pero diagnosticar el estado de (in)seguridad de un país basándose en las estadísticas es como atender a un paciente sin auscultarlo o preguntarle como se siente. Es irresponsable. Las estadísticas sobre incidencia delictiva sólo nos cuentan una parte de las violencias que confluyen en una comunidad determinada y de ser usadas mal, pueden contar la historia de manera sesgada. Bien decía Mark Twain que hay tres tipos de formas de mentir: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas. Los funcionarios públicos locales, estatales y federales hacen uso de las tres con la esperanza de que a fuerza de repetirlas se conviertan en verdad.

Pero esto sólo sucede cuando un tema álgido como Ayotzinapa o Tlatlaya se empeña en permanecer en la agenda pública evidenciando e incomodando a diferentes funcionarios e instituciones del Estado. Para que el escándalo no escale a nivel internacional se debe hacer un control de daños particular como el que recomendó el Secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade, en la XXVI Reunión de Embajadores y Cónsules:

En esta Cancillería siempre, pero de manera particular ahora, tenemos que hacer de la honestidad nuestra principal divisa, y esa honestidad, ese ejercicio claro, sobrio y objetivo de nuestra política exterior, debe permitir reconocer nuestros retos, la voluntad de superarlos, y debe también permitir la voluntad de difundir nuestros aciertos, que son muchos e innegables.

Invitar a hablar de manera positiva sobre México fue también la estrategia de la Administración de Felipe Calderón para intentar ocultar los efectos de la guerra bajo una gruesa alfombra de mercadotecnia. De hecho, de manera sospechosa nace en 2011 la pagina “Habla Bien de México” cuya justificación parece sacada de una libro de autoayuda o de un programa televisivo de “Para de Sufrir”:

Constantemente se escucha que México va de mal en peor; sin embargo, pocos se detienen a reflexionar si esto es cierto. La mayoría se deja llevar, asumiendo ideas que no necesariamente son ciertas. Esto nos lleva a tener una mentalidad negativa, sin esperanza, destinada al fracaso, sin posibilidades de mejora y condenada a permanecer en la insatisfacción. Al tener una imagen mental de México influida sólo por los comentarios y noticias destructivos, creamos una realidad en nuestra mente que después se ve reforzada por las mismas conductas que tenemos.

Para las personas que están detrás de esta página pareciera que las violencias que aquejan a México solo están en nuestro imaginario y si dejamos de pensarlas o de compartirlas por Facebook, por arte de magia dejarán de existir. Desgraciadamente el estado de violencia es escalofriantemente real en demasiadas zonas del país. Recientemente los vecinos de Ocotlán, Jalisco fueron aterrados testigos de un enfrentamiento de más de dos horas entre elementos de la Gendarmería y supuestos miembros del crimen organizado que dejó más de 2,000 casquillos de diferentes calibres en las calles y ocasionó 11 muertos. En otro “caso aislado” a principios de febrero ciudadanos de Matamoros, Tamaulipas vivieron tres días de intensas balaceras que incluso ocasionaron que autoridades municipales suspendieran actividades y que el Consulado de los Estados Unidos prohibiera salir a sus funcionarios a la calles.

Pero eventos de extrema violencia como los descritos no pueden esconderse tras los índices y mucho menos con campañas positivas. La burbuja mediática del Mexican Moment duró lo que dura un suspiro y una vez reventada ha mostrado la imagen más descarnada del país. Con Tlatlaya y Ayotzinapa como casos paradigmáticos que se han salido del meticuloso control mediático, al gobierno se le ha caído la mascara reformadora y valiente y se ha quedado con la autoritaria. Con este semblante autoritario y soberbio es con el que los funcionarios le han contestado a los comités de la ONU que, tardíamente, han señalado la ineficiencia del gobierno para atender al crisis de desaparición forzada y la consuetudinaria práctica de tortura.

Sospecho que viviremos una segunda oleada mediática sumamente poderosa, amparada por las elecciones, destinada a borrar de una vez por todas la molesta sombra de Ayotzinapa. Espero equivocarme, pero dicha campaña vendrá acompañada por un componente represor importante que ya están empezando a resentir víctimas, periodistas y defensores de derechos humanos.

Debido a lo anterior es de esperar una segunda oleada discursiva que coincida con el período de campañas y que incluso venga acompañada con elementos represivos y autoritarios.

About Author(s)

Alejandro Vélez Salas
Alejandro is the editor in chief of Nuestra Aparente Rendición's webpage (http://nuestraaparenterendicion.com/). He has a BA in Political Science from Instituto Tecnológico Autónomo de México and a PhD in Humanities form Universitat Pompeu Fabra. He just finished a postdoctoral fellowship at Universidad Autónoma Metropolitan-Xochimilco. His research interests are: enforced disappearance, surveillance studies, terrorism, 9-11 studies, genocide and public security.