Un árbol de la vida:

October 19, 2016

Un acercamiento a 'La ceiba' desde una perspectiva ecocrítica

Hoy en día, la marcha sin tregua de la sociedad hacia lo que se considera ‘la civilización’ y ‘el progreso’, a menudo considerada en rumbo hacia una dominación humana inevitable, se realiza a costa de la naturaleza – esa flora y fauna hermosamente diversas que ha dominado nuestro mundo por muchos siglos.  Cada vez más se nos escapan la importancia, la hermosura y el valor irrevocable de esa esfera que contiene todo lo salvaje.  Sin duda, esta pérdida de los espacios verdes y la disminución del valor percibido del entorno natural constituyen un problema grave entre la población de nuestro mundo.

La ‘ecocrítica’ se cuenta entre las respuestas más originales recientemente suscitadas por tales desafíos. Se trata de un canon literario innovador, que responde al propósito fundamental de romper con la separación tradicional entre las ciencias y las letras a través de la representación de la naturaleza mediante la producción literaria.1 Este acercamiento de la literatura a la ciencia busca estimular el desarrollo de una conciencia ecológica a través de la palabra escrita.  La idea central es que la  lectura de una obra conteniendo  ‘ideas ecocríticas’ puede contribuir a despertar el aprecio del entorno natural por el lector, así como una mayor conciencia de la necesidad de conservarlo y agradecerlo.6

La ceiba, escrita por Pablo Antonio Cuadra como parte de un conjunto de siete poemas titulado Siete árboles contra el atardecer, representa bien en esta nueva orientación de la crítica literaria.5 Escritos entre 1977 y 1979, los siete poemas que Cuadra dedica a ciertos árboles considerados esenciales tanto en su vida personal como para la sociedad nicaragüense en general, buscan expresar los profundos vínculos afectivos –lazos sentimentales únicos– entre la naturaleza y el pueblo nicaragüense.6 A través de estas obras, Cuadra comparte con el lector relatos de la vida nicaragüense que reflejan una contemplación meditativa del paisaje y el hombre que habita esa naturaleza silvestre y bonita.

Octavio Paz escribió,  con respecto a las obras desde una perspectiva ecocrítica, que en ellas “El lenguaje se vuelve paisaje y ese paisaje, a su vez, es una invención, la metáfora de una nación o de un individuo”. La cita describe bien lo que sucede en las obras de Cuadra.11 Sus obras jamás dejan de destacar ese vínculo fuerte entre el mundo humano y el más que humano.8 La poesía de Cuadra dio origen a un singular estilo nacional de escritura poética en Nicaragua. Abordando temas nacionales que tocan  la conexión humana con la flora y fauna nicaragüenses, su lenguaje es marcadamente coloquial,9  con la intención de captar el interés de todo el pueblo nicaragüense.  

La Ceiba, como todos los poemas-árboles contenidos en Siete árboles contra el atardecer, intenta homenajear y hacer palpable su país y sus hermanos nicaragüenses a medida que cuenta la historia tanto personal como colectiva de definición de la identidad de su patria.7 La descripción suntuosa de ese árbol representativo busca plasmar efectivamente “la totalidad de lo real nicaragüense”.10Aunque esta totalidad de un pueblo entero y patria rica no sea fácilmente descrita, la manera distinta en que Cuadra crea poesía nacional mediante la descripción de lo natural, logra retratar esa fértil unión de “naturaleza, historia, hombre y mito; pasado y presente, pero también un porvenir posible” de lo que se construye.10 La ceiba, llena de simbolismo potente y alusiones extensas, consigue vincular lo humano y lo más que humano con respecto a la vida y la cultura nicaragüense de una manera impresionante y única.

Específicamente en el poema, la ceiba parece poseer un cierto aspecto de eternidad -el autor explica explica que ha existido como parte del relato nicaragüense desde el momento que llegaron los primeros antepasados.  El poema empieza por contar cómo, después de haber sido maltratados por sus amos, los progenitores oprimidos del país y del pueblo vinieron a la tierra nicaragüense y “subieron al gran árbol el día en que abre sus frutos / y soplaron sus semillas aéreas para trazar la ruta / del éxodo”.3 Ya existente y firmemente arraigada en el suelo de Nicaragua al momento preciso del nacimiento del país, la fuerte y fiel ceiba aparece como un productor de vida, que permite a los primeros antepasados trazar su ruta e invita a otros a las nuevas tierras.

A partir de ese momento simbólico, con ese acto mítico de subir al árbol y soplar sus semillas, un futuro próspero para Nicaragua se tornó posible -un futuro actualmente vivido por descendientes de aquellos primeros exploradores.  La madre ceiba desempeña así un papel fundamental en el surgimiento de Nicaragua como hogar y patria, pero también hace y simboliza mucho más allá de eso.2

Cuadra a continuación introduce en el relato alusiones a diversos hombres destacados y con vínculos trascendentes, para seguir refiriéndose a la perseverancia y la omnipresencia incomparables del árbol a lo largo de la historia del país.  Específicamente, Cuadra se refiere a algunos de los hombres más importantes en el relato histórico de su país, domo el obispo de Yucatán Diego de Landa, quien, hace varios siglos, aludiera a la ceiba como el “’palo enhiesto de gran virtud contra los demonios’”.3 Además, el autor hace referencia al renombrado Francisco López de Gómara – el autor de Historia general de las Indias (1552-53) –, Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés – un historiador español que escribió uno de los primeros libros tratando de la historia natural de América que fue inicialmente publicado como La historia de las cosas sucedidas en mi tiempo en América (1526) –, y Francisco Núñez de la Vega -quien fuera nombrado obispo de la Ciudad Real de Chiapas-, ademas de señalar la presencia de la gran ceiba arriba de todos los cabildos de los moradores “en todas las plazas” en tiempos coloniales.2

Através de estas referencias, Cuadra muestra que que la ceiba ha sido venerada tanto por figuras importantes como por el pueblo común desde, desde los inicios de la historia nicaragüense.4 De hecho, la antigua ceiba se considera tan sagrada y tan central a los orígenes del país que el poeta cuenta de cómo “los sahuman con braceros porque tienen por asentado / que de las raíces de la Ceiba les viene / su linaje”.3 Aquí, se percibe la importancia de la ceiba como dador de la vida y actor fundamental en la mitología del pueblo nicaragüense, cuyos antepasados habrían surgido de las raíces de este árbol.

Pero este símbolo indispensablemente entrelazado con el patrimonio nacional es involucrado en la destrucción tanto como en el nacimiento. Refiriéndose a su propia historia personal, la atención de Cuadra se desplaza hacia el papel que juega este árbol sagrado en términos de la destrucción y el fin de la vida -por ejemplo, cuando, en 1972 y en  medio de una crisis ecológica, un terremoto destruyó su ciudad natal de Managua.  Además de la casa de su infancia, el desastre también acabó con la ceiba que había acompañada su residencia de la niñez, y esto representó simbólicamente una estabilidad interrumpida y un equilibrio roto tanto literal como figurativamente.2 Con la pérdida de su hogar y su ceiba, el autor afirma que “Yo he recordado su antigua sombra aquí donde / no hay amor suficiente / para levantar estas piedras”,3 llamando la atención al hecho de que él había sido desorientado por quedarse sin su centro – la ceiba.  A continuación, el autor relata la profundidad de la ceiba en su vida, como dice “Allí donde nace este árbol es el centro del mundo. / Lo que tú ves desde su copa es lo que tu corazón / anhela”.3 En efecto, la ceiba, para él como para el pueblo nicaragüense en general, representa de un vínculo afectivo – un lazo sentimental más que humano –, centro de su  mundo y parte imprescindible de su ser.

Además de su propio cuento, la afirmación de la ceiba como actor y símbolo de la muerte y destrucción remite a las profecías mayas contenidas en los libros de las profetas de Chumayel, según las cuales “‘Se alzará Yaax-Imixché, la Verde Ceiba, en el centro / de la provincia / como señal y memoria del aniquilamiento’”.3  Para los mayas, la ceiba constituía el eje del mundo – sostén de una arquitectura materna que organizaba y mantenía en orden el cosmos de sus creencias religiosas –. Por eso, ellos también percibían a la verde ceiba como vínculo irrompible y central tanto en sus vidas terrestres como en las espirituales.2  

En la última estrofa de su obra, el autor refuerza la idea de un enlace afectivo secular con el pueblo de Nicaragua: “De este árbol aprendió el hombre la misericordia / y la arquitectura, / la dádiva y el orden”.3 La ‘Madre Ceiba’ como aparece entonces como compañera fiel a lo largo del viaje de la vida:

        De su madera blanca y fácil de labrar tu pueblo construyó

                    una embarcación de una sola pieza

        y esa embarcación es su cuna cuando inicia su ruta

                    y es su féretro cuando llega a puerto.3

Esta penúltima estrofa poderosa, transpira la importancia de la ceiba desde la niñez hasta el vejez. Entre esos extremos absolutos de la existencia humana, en el rumbo de la vida, se dice que la ceiba jamás nos abandona, como el pueblo “Con al algodón liviano y sedoso de su fruto” fabrica “sus almohadas / donde reclina su descanso y elabora sus sueños”.3

Además de escribir la importancia eterna de la ceiba y sus fundamentales vínculos afectivos con el pueblo, Cuadra que  busca despertar una conciencia aumentada de su centralidad como componente de la belleza natural del país.7

En su totalidad, Siete árboles contra el atardecer nos lleva a cuestionar nuestras concepciones cotidianas de lo que son ‘la civilización’ y ‘el progreso’.  Combinando precisión botánica y atención histórica con sus propias experiencias subjetivas, Cuadra traza un paisaje bello y único que refleja tanto su propia historia como la historia colectiva del pueblo nicaragüense, ninguna de las cuales puede ser contada sin subrayar la presencia de la gran ceiba y los seis otros tipos de árboles descritos -cada uno con su propia razón de ser en la vida.  Al final, por contar de la ceiba, Cuadra nos recuerda los vínculos afectivos que existen entre el acontecer humano y el de su entorno natural, además de describir el surgimiento y el carácter perpetuo de su patria linda.

 


 

Fuentes de información:

1) Glotfelty, Cheryll y Harold Fromm (Eds.). “The Ecocriticism Reader: Landmarks in Literary Ecology”. Athens/London: University of Georgia Press, 1996.

2) Cuadra, Pablo Antonio. “Seven Trees Against the Dying Light: A Bilingual Edition”. Northwestern University Press, Jan 1, 2007.

3) Cuadra, Pablo Antonio. “Siete árboles contra el atardecer y otros poemas”. San José, Costa Rica: Libro Libre, 1987.

4) “Entrevista con Pablo Antonio Cuadra”. El Pez y la Serpiente 35 (mayo-junio 2000): 69-84.

5) Palacios, Conny. “Pluralidad de máscaras en la lírica de Pablo Antonio Cuadra”. Managua: Academica Nicaragüense de la Lengua, 1996.

6) White, Steven F. “Cuatro fundamentos verdes en la poesía de Pablo Antonio Cuadra”. Jornal de poesia / Fortaleza, Ceará – Brasil. (Projeto Editorial Banda Hispânica, 2001-2010). Versión web. Accedida: 30 marzo 2014.http://www.jornaldepoesia.jor.br/BHBHpabloantoniocuadra02.htm

7) White, Steven F. “El mundo ecocéntrico en Siete árboles contra el atardecer de Pablo Antonio Cuadra”. Revista Iberoamericana, Vol. LXIX, Núm. 204, Juilo-Septiembre 2003, 555-563.

8) White, Steven F. “El mundo más que humano en la poesía de Pablo Antonio Cuadra: un estudio ecocrítico”. Managua: Asociación Pablo Antonio Cuadra, 2002.

9) White, Steven F. “Entrevista a Pablo Antonio Cuadra” (1982). Pablo Antonio Cuadra: valoración múltiple. Jorge Eduardo Arellano, ed. Managua: UNICA, 1994. 95-112.

10) Yepes Boscán, Guillermo. “Introducción”. Siete árboles contra el atardecer. Pablo Antonio Cuadra. San José, Costa Rica: Libro Libre, 1987.

11) Martínez, Alejandro. “Una reflexión alrededor de Octavio Paz y el idioma: Una manera de disfrutar su centenario”. Ojo: cultura universitaria. 31 marzo 2014. Web. 4 abril 2014. http://revistaojo.com/2014/03/31/una-reflexion-alrededor-de-octavio-paz-y-el-idioma/

 

About Author(s)

Kevin Kerr
Kevin Kerr is a senior undergraduate student at the University of Pittsburgh currently pursuing a Bachelor's degree in Spanish with a related minor in Portuguese as well as a second minor in Linguistics while also obtaining a Certificate in Latin American Studies from CLAS. After taking some time to travel and work throughout the world, specifically Latin America, post-graduation, he has aspirations of working and studying in the International Business/Economics or Public Health fields.